jueves, 17 de octubre de 2013

Oro - "Blues Pesado"

Finalmente ha llegado y hoy hago la reseña.

Hoy voy a dedicarle una reseña al álbum que anticipé hace varias semanas: “Blues Pesado”, el último trabajo discográfico de Oro.

Obviamente, hay cosas que dije en aquella reseña de adelanto que las repetiré en esta, pero intentaré ir más profundo.

Como les había comentado, Oro es parte de un círculo de bandas de la movida under uruguaya, junto a Matias Cantante y los Extraterrestres, Revolver y otras. Aunque son fácilmente diferenciables, más allá de que Revolver y Oro son las que tienen una base bluesera más fuerte, tienen en común que todas parten de una idea del rock en su mayor pureza (a veces no tanto en lo musical, pero sí en el concepto).

La música de Oro es rock en su definición más pura: tocan rock, las letras hablan de rock y tiene actitud de rock. Partiendo de una base de blues-rock con aires pesados y llegando en momentos a algo bailable y movido, esta banda claramente tiene influencias de las bandas más prominentes de este género, como Ac/Dc, Rolling Stones, ZZ Top y Cream (esta última por el formato más que nada). Tal vez de estas, la más notoria es Ac/Dc, debido a la pesadez. Aun así, en Oro el blues es mucho más fuerte que en Ac/Dc. Otra gran influencia es Motörhead. Tal vez no tanto por el estilo, pero sí por la velocidad y potencia.

Pero hay una banda que es tal vez la mayor influencia, o más que influencia, su “padre”.

El origen de la banda trasciende su propia historia de alguna forma. Allá por finales de la década de los ’60 y comienzo de los ’70, hubo un estallido musical en Uruguay: el nacimiento del rock uruguayo. La cosa ya había arrancado con varias bandas, sobre todo con Los Shakers. Sin embargo, fue durante esos años en el que ya no se trataba de bandas aisladas, sino de una movida general.

Aparecieron bandas con una fuerte base rockera, que en ciertos casos incluía un poco de la tradición musical uruguaya. Los géneros eran diversos, pero había algo en común: ninguna tenía absolutamente nada para envidiarle a las bandas anglosajonas. Y lo más interesante (que lo hace análogo a lo que sucede con el círuclo de Oro) es que eran bandas amigas en el mayor de los sentidos. Los músicos en varias bandas se repetían o se invitaban entre ellos. Había varias bandas, pero era una única “sociedad”.

Una de estas bandas fue Días de Blues, una banda de base blues-rock al estilo Cream, con gran técnica instrumental, jams de larga duración y un sonido sucio y oxidado. Lamentablemente, la banda lanzó un solo disco de estudio y ninguno en vivo. Y debido a la partida de varios músicos y la posterior llegada de la dictadura (aunque, según el historiador Fernando Pelaez, los músicos “se fueron porque quisieron”), no hubo una legacía, al menos no a corto plazo.

Oro retoma ese acercamiento al rock olvidado en nuestro país; retoma el blues rock de Días de Blues pero con una idea más actual. Es el puente que faltaba.
La banda está constituida por Santiago Bondoni (guitarra y voz), Guillermo Madeiro (bajo) y Federico Anastasiadis (batería, percusión y voz). Acá ya tenemos una prueba de este círculo under uruguayo, pues el baterista de esta banda es a su vez el de Los Extraterrestres.

Bondoni es literalmente un maestro de la guitarra. No hace nada innovador y tal vez no llega al punto que podamos decir “sí, tiene su propio estilo y sonido”. Pero es una enciclopedia. Parecería que supiera todos los licks y fraseos existentes de este género. Lo que sea que exista en el blues rock, él lo sabe tocar. Lo bueno es que no se queda en la imitación y nada más. Sabe cómo combinarlos. Pero lo más importante es que los comprende. Es fácil aprenderse todos los trucos y tocarlos, pero eso no significa que uno sepa de qué se trata. Y es esa comprensión que lo hace capaz de crear riffs pegadizos y con gran expresividad. Hasta el más simple tiene su propia identidad.

Anastasiadis demuestra una gran versatilidad. Nunca hace un solo virtuoso o un ritmo complejo de 7 contra 3. Sabe que es lo que se precisa en cada momento. ¿Una batería potente? Ahí la tienes. ¿Un ritmo denso y decaído? Ahí va. Sabe lograr lo necesario sin tener que sacar un arsenal de fuegos artificiales. Es un baterista que sabe sintetizar. Lo que afirma esta versatilidad es que sus participaciones en Oro son muy diferentes a las de Los Extraterrestres, que, aunque no son bandas que estén muy alejadas estilísticamente, son diferentes.

Madeiro es aún más económico. Sus líneas son simples y fácilmente tocables. Pero tiene un sonido especial. Es de esos bajos que funcionan como guitarra al mismo tiempo, ya que su espectro ocupa tanto el registro de los graves, que es la zona que le pertenece a este instrumento por excelencia, pero a su vez tiene su peso en los medios, yendo de la mano con la guitarra. Esto recuerda mucho a los bajos de Lemmy. En lo personal, me importa la técnica, pero soy un oyente que va siempre por el sonido primero. Me gusta sentir la presencia del sonido como materia autónoma, cuando el sonido escapa de las propiedades de la escala, la armonía, la tonalidad, etc. Y creo que es lo más interesante de esta banda: el sonido del bajo. Es un sonido tan cargado que pareciese que a uno lo rodea. Tal vez en el disco de estudio no se siente tanto, pero en vivo es la estrella en el plano sonoro.

Hay 2 aspectos de Oro que hacen que la banda llegue de verdad.

Por un lado, es una banda de amigos. Por más que uno no sepa su historia, la cual se trata de 3 amigos que simplemente quieren tocar música, por los cantos en conjunto en forma de hinchada de estadio y las letras que una y otra vez reafirman la importancia de la amistad, uno nota que la unión es fuerte. Y eso se transmite.

Pero lo más importante es que son genuinos. Sí, hablan de rock, alcohol, mujeres y amigos, y sí, tocan blues rock en un estilo que poco tiene de innovador y con gran ambiente de fiesta rockera. ¿Pero saben qué? Uno de verdad se lo cree. Se lo cree porque tocan vestidos como andan por la vida misma, porque son cercanos al público, porque al terminar un concierto no lucen bien y porque no andan con pretensiones. No hay nada por delante de la música. A Neil Young le creo cada cosa que toca y dice lo que cree y practica, porque desde que empezó, ha sido el mismo. Nunca ha buscado formas para vender su música, ni musicalmente ni trayendo un show gigante. A U2 no le creo nada. Una banda que dice “ayudemos al mundo” o quieren lucir como rockeros, pero mientras tanto tapan su “arte” con una fachada de fuegos artificiales, looks de revista de moda y shows carísimos con toda la última tecnología intentando estar lo más actual posible, es una banda que tiene el dinero por delante de la música. El acto musical termina siendo como una película 3D, donde la temática vacía y sin contenido es tapada por una fachada de efectos innecesarios, transformándolo en un mero acto de entretenimiento vendido como arte. Oro, como varias otras, es una banda under. Y es esta la razón por la que me creó absolutamente todo lo que tocan y dicen. No tienen un contrato discográfico, no pueden hacer shows multitudinarios (recién el de este 24 de Octubre puede llegar a ser su primero y aun así no va a ser un super show), no ven una moneda de todo esto. Este es su 2do disco y el dinero sale de sus bolsillos y son ellos mismos los que van a salir a vender cada copia y con suerte podrán recuperar el dinero que invirtieron. Y esto ni nada los frena. Van por la música y nada más. Y si la suerte les pasa por su casa, podrán ver el éxito que merecen pero sabemos bien que nunca dejarán de ser una banda under en sentimiento.

“Blues Pesado” es el 2do trabajo de estudio de Oro, el cual será lanzado este 24 de Octubre junto a la presentación del mismo en el Teatro Alianza (todos los datos están en el afiche que se puede ver en la parte superior derecha de esta reseña).

En esta vuelta, la banda se adentra aún en el género que tocan. Aunque no nos alejamos del territorio del blues rock y rock and roll pesado, sin duda el abanico se ha abierto. Hay mayor variedad de climas, mayor diferenciación entre tema y tema.

El primer álbum, “Oro”, se trataba de un estallido a toda velocidad de principio a fin. Es un disco de euforia durante toda su duración. En “Blues Pesado” tenemos oportunidad de calmarnos, o más bien, entrar en diferentes estados anímicos. Obviamente nos encontramos con esos temas en 5ta a fondo, pero también con canciones más desoladoras o incluso alegres de fiesta. Es un disco musicalmente más maduro y con mayor cantidad de detalles, haciendo una transición de un sonido puramente garagero a algo más de estudio (sin llegar a una super producción).

Incluso las letras presentan nuevas temáticas. Nos seguimos encontrando con temáticas sobre mujeres, alcohol, rock and roll y amigos, pero parecería que estuvieran tratados de una forma más madura y reflexiva. También se tratan temáticas de la vida como en “Lo que aprendí”

Algo que caracteriza al álbum y que ayuda mucho a que haya una mayor variedad de climas y detalles son los varios pasajes instrumentales. A veces son pasajes con solos que vuelven a lo anterior. Pero lo interesante es cuando sirven como puente hacia nuevas secciones muy diferentes a lo que se escuchaba en el principio del tema correspondiente.

El disco abre con “Lo que mueve nuestros pies”, un tema pesado y enérgico de principio a fin. Los cantos grupales en forma de grito ayudan mucho a generar esa euforia típica de la banda. Lo interesante son los teclados que decoran el tema, pero más que nada, las múltiples variaciones del riff, logrando un tema cuasi-seccionado y manteniendo el interés constantemente.

“El escuadrón” nos lleva a un hard rock al estilo de ZZ Top, con guitarras potentes y riffs concisos pero super rítmicos. Algo interesante son las diferentes secciones instrumentales de poca duración que rompen una posible estaticidad. Pero lo más interesante está en el minuto 3:20. Aquí entramos en una transición pesada de ultratumba, algo así como un pasaje a la muerte. Sin duda el que prácticamente toda la duración de esta sección sea bastante estática ayuda a dejar crecer ese sentimiento de perdición en el oyente. Constructivamente, es el mejor tema.

“Bandida” es un rock and roll bailable del más puro. Sería lo que definiría como una visión de Chuck Berry en el siglo XXI.  Como tal, hay mucho ritmo y alegría y sin duda despierta las ganas de bailar desde el alma (algo que se ha perdido gracias a las discotecas plagadas de música con una enorme pretensión que viene acompañada de una excesiva preocupación del pensamiento ajeno y por ende, el baile se transforma en una demostración más que en una liberación personal). El premio del tema se lo lleva la capacidad de lograr riffs super simples pero atrapantes y el piano que acompaña y ayuda a transportarnos a esa pista de baile de rock and roll. Muy interesantes las intervenciones de la guitarra, que sin duda se asemejan a las del rock and roll de los ’50 de excelente manera.

“Queremos lo mismo” tiene el mejor riff del disco, el cual se vuelve pegadizo por la bajada pentatónica que luego de la nota más grave, hace un salto a los agudos. Es un blues rock pesado que logra una especie de encuentro entre Cream y Blue Cheer. Su duración es de casi 7 minutos, pero debido al clima de jam, podría durar tranquilamente el doble. Es sin duda un tema diseñado para tocar en vivo y lo que escuchamos aquí es solo una sinopsis de la verdadera magia. Nuevamente nos encontramos con la característica principal del disco: el tema cierra con un blues semi acústico lento y denso, dividiendo el tema en 2 secciones diferentes.

Luego nos encontramos con “Lo que aprendí”, un blues-rock desolado con el sentimiento de blues más puro.  Es de esos temas que invitan a la improvisación y que sin duda lo mejor sería escucharlo en vivo. Es interesante como, más allá de que sea un típico blues-rock que obviamente no sorprenderá a nadie, se logran pequeños detalles, tanto melódicos como de la banda trabajando en conjunto, que mantienen la atención constantemente. También es interesante la participación del trombón que se puede escuchar en momentos.

“La noche en la cara” es un tema de rock and roll puro con su toque de suciedad y blues. Gracias a su duración de 2 minutos, simpleza y familiaridad, sirve como una especie de descanso y limpieza para lo que sigue.

“En falso” es la que tiene el ambiente más emotivo de todos, en el sentido de que es posible que sea la que tenga la mayor capacidad de despertar un sentimiento más profundo. Su aire es desolado y de atardecer. Es lo que denominaría un tema para la ruta. Su ritmo es llevadero y tiene una enorme carga de sonido. Estilísticamente es difícil de definir. Sigue siendo un blues rock, pero en momentos, debido a la guitarra tocada con slide (que en mi opinión, es la crema guitarrística de todo el disco), recuerda muchísimo al sonido de “Physical Graffiti” de Led Zeppelin, sobre todo a “In My Time of Dying”. Pero al mismo tiempo, debido a los teclados, podemos llegar a tener recuerdos de The Doors de los primeros tiempos o de “L.A. Woman”.

“La jugada” es el tema diferente. Su riff es alegre y positivo. No pierde el aire rockero, pero sin duda deja de lado la actitud sucia a la que estamos acostumbrados con Oro. Lo más interesante son los vientos, con participaciones en forma de coro. Gracias a estas 2 cosas, un paisaje de fiesta es plasmado de manera perfecta. A veces es necesario festejar los buenos tiempos.

“Venimos por más” logra la pesadez que necesitábamos. Nos reencontramos con la velocidad, el desgarre fuerza de siempre. Pero gracias al riff oscuro, el sentimiento se potencia, pasándolo de algo desafiante a algo más cercano a la perdición. Como en “El escuadrón”, nos encontramos con múltiples secciones caracterizadas por diferentes riffs y ritmos.

“Si es así” es el cierre perfecto para el disco. Desde su principio, con su riff de 2 notas, ritmo de marcha y estaticidad desértica, nos da la sensación de que todo lo anterior era una simple introducción a esto: un tema de 7 minutos y medio cargado de energía e improvisación. Más que un tema, es una banda sonora. Lo más interesante de esta canción es también lo más interesante del disco: del minuto 5:38 al 6:21 nos hundimos en una nota pedal que va creciendo como una ola, acompañada de coros con gran reverberación, dando una sensación de lejanía y espacialidad gigante. Todo esto alimenta el sentimiento destructivo. Es un tema que de tener una duración de 15 minutos en una versión en vivo, sería la gloria de la banda.

Hay 2 cosas que faltaron en el disco.

Para empezar, un tema acústico. Creo que al tratarse de un disco que atraviesa varios senderos, un tema acústico habría ayudado a darle aun más valor y calidad. Además, sería de gran interés escuchar las ideas acústicas de esta banda.

Lo otro (y esto es sumamente personal) sería que los bajos no tienen el volumen necesario. Tienen gran participación y marcan la diferencia, pero sin duda que de tener una mayor presencia en algunos temas, el disco podría realzar aun más esos paisajes que se evocan. Claro, esto es por mi experiencia en vivo con la banda, algo que comentaba párrafos atrás. Pero viéndolo de otra manera, tal vez podría decir que es bueno, porque significa que la verdadera magia de la banda está cuando uno se encuentra en su presencia. De alguna forma, el disco es una representación de la banda y no la banda en sí.

“Blues Pesado” marca un avance en Oro. Sin alejarse del sonido y estilo que los marcó en su primer disco, exploran los territorios ya visitados e incluso viaja por otros nuevos.

Como dije, son los detalles y, por sobre todo, los diferentes pasajes y secciones que caracterizan a este disco y que le dan ese toque diferente. Estas 2 cosas permitieron que la banda siguiera tomando el blues rock como su fuente compositiva pero aun así lograr temas con mayor interés, variación, impredecibilidad y mayor nivel artístico. Marcan una unión entre el blues rock, caracterizado por su simpleza compositiva y aire de improvisación, y un rock más artístico, con pasajes instrumentales y un mayor trabajo en el armado.  No es solamente un disco con enorme madurez, sino que es muchísimo más profesional, tanto instrumentalmente como compositivamente.

Es una enorme alegría que bandas como esta formen parte de la nueva generación de bandas de rock de Uruguay. Entre tantas bandas con poca energía o mensajes sin contenido, es bueno tener una banda que tenga la potencia, euforia y genuinidad que poco se ve en estos días donde hay más industria musical que música.

Este Jueves 24 de Octubre será la presentación del disco en el TEATRO ALIANZA (Paraguay esquina Soriano) a las 21 30 hs. La entrada cuesta $250 y la banda estará vendiendo su disco. Los invito a que los acompañen para saber de qué se trata esto que les traigo porque es en vivo donde está la esencia de la banda. Y los invito a que compren el disco. Como podrán ver más abajo, hay un link para bajar el álbum gracias a la banda. Yo como gran melómano voy a comprar el disco. Pero sé que hoy en día la descarga es algo al alcance de todos y es más barato. Si fuera una banda grande no sería importante. Pero esta vez se trata de una banda under, una banda que hace esto porque de verdad lo aman y han sacado cada moneda de su bolsillo para hacer esto posible. Y lo han hecho para nosotros. Cuando uno escuche este disco, va a recibir algo y si le gusta, algo habrá cambiado. Para hacer que esta y otras bandas sigan, hay que apoyarlas. Aunque no lo crean, es una diferencia. Para Aerosmith, por ejemplo, la compra de un disco es una compra más y una entrada a un concierto es un asiento ocupado más. Para una banda under, la compra de un disco es recuperar lo gastado y a su vez una enorme alegría, porque esa compra la presencian. Y una butaca ocupada es una inspiración más y otra enorme razón para seguir y no tirar la toalla. En “Lo que aprendí”, Oro dice “Y la vida se trata hermano de pelear por lo que querés”. Y de eso se trata esta venta y este concierto: alcanzar un sueño. Y ese sueño no es el éxito económico ni la fama. Es el éxito musical, que el arte que uno crea le llegue al corazón de la gente.

“Blues Pesado” nos trae a Oro renovado y con muchísimo para ofrecer, demostrando nuevamente que no hace falta buscar en el exterior para encontrar bandas con fuerza y actitud. Solo hace falta buscar en donde nadie quiere ver. Pero más que nada, demuestra que con amigos y honestidad, la música nace.





Aquí les dejo una filmación con el proceso de grabación y entrevistas que cuentan un poco sobre la historia de esta banda: http://youtu.be/5NlvD43TGHE


Y aquí les dejo el link para descargarse el disco y también descargar el primero: http://www.orobluespesado.com/




ESPERO QUE LES GUSTE!!!



"QUE SIGA SIENDO Y QUE NUNCA FALTE"



jueves, 10 de octubre de 2013

Ty Segall Band - "Slaughterhouse"

Volvemos al rock y les traigo un joven artista que se ha ganado bastante respeto en los últimos años.

Ty Segall es un muchacho de 26 años que empezó su carrera musical tocando en bandas de garage de San Francisco. Luego de un tiempo tocando con una banda llamada The Epsilons, con la cual lanzó 3 álbumes, embarcó una carrera solista que empezó con el lanzamiento de “Horn the Unicorn” en formato de cassette en el 2008. Desde entonces ha lanzado una seguidilla de 7 más, siendo “Sleeper” el más reciente, lanzado en Agosto de este año.

El disco que les traigo hoy no es su último, sino su transantepenúltimo. Sin embargo, este disco fue lanzado el año pasado, lo cual lo hace muy reciente. A su vez, tiene un enfoque diferente a los 2 que le siguieron, sobre todo porque de estos 3, es el único en formato de banda y por ende lo que se ofrece es bastante diferente (en cuanto a concepción).

La música de Ty Segall ronda entre el garage rock y el rock psicodélico, con grandes influencias de punk y noise rock y toques de glam rock de los ‘70. Se podría decir que es un acercamiento actual al rock de garage sucio de bandas casi desconocidas de la serie Nuggets.

Este artista nombra como su mayor influencia a Hawkwind. Poco le encuentro de esa banda más que la pesadez. En mi opinión, le encuentro más de otras que nombra, como The Stooges, Black Sabbath, lo primero de Black Flag, The Byrds, Neil Young, The Beatles, Marc Bolan, David Bowie y The Kinks.

Con todo esto, es otra de las bandas que podríamos meter en la bolsa de garage rock revival, junto a White Stripes, The Vines, The Strokes, etc. Incluso ha habido comparaciones con Tame Impala, ya que, al igual que esta, es de los actos musicales más recientes de esta índole. Sin embargo, hay enormes diferencias.

Tame Impala carece de suciedad. Es una banda muy limpia. Cuenta con una enorme carga de detalles y más que nada muchísima psicodelia. Es rock psicodélico per-se. Lo que tiene de garage es poco. La música de Segall es sucia, con pocos detalles y de baja calidad (en cuanto a producción). No solo la euforia es importante aquí, sino el ruido. El ruido es un elemento más de esta música. Si Tame Impala es un viaje musical lleno de colores, Segall es una escupida en blanco y negro.

 Pero la mayor diferencia es la imagen. Tame Impala no solo se vende con una imagen pseudo-hippie, sino que es una banda mainstream. Son una banda que vende mucho y están como “alejados” de su público. Ty Segall es un artista que, por más que se esté volviendo conocido, mantiene un estatus e imagen de artista under y una música con actitud más punk e impulsiva. Es como hablar de Black Flag (No lo estoy comparando en absoluto. Es simplemente para entender la idea. Black Flag supera a prácticamente todas y es totalmente única). Con los años se ha vuelto enormemente conocida, influyente y es nombrada una y otra vez cuando se habla del punk, estilo que hace ya mucho tiempo que dejó de ser lo que predicaba. Sin embargo, Black Flag, su imagen y música, aún sigue siendo (y siempre será) asociada a una movida under alejada del comercio.

El disco que les traigo hoy se llama “Slaughterhouse”, lanzado en Junio del 2012. Es el primero de lo que él denominó la Ty Segall Band, conformada por Ty Segall (voz y guitarra), Emily Rose Epstein (batería), Charles Moothart (guitarra) y Mikal Cronin (bajo y coros). No solo es especial para Segall por tener una banda entera para todo el disco, sino que todos los temas fueron compuestos entre todos los integrantes. La banda funcionó como una sola unidad, y esto se puede ver claramente por el aire de impulsivo que hay en las canciones.

De todos los discos de este artista, este debe ser el más sucio. Siempre anda en torno al estilo de rock que les he hablado, algunas veces yendo un poco más acústico y a veces un poco más indie. Es aquí donde se puede escuchar un sonido que pareciese ser grabado en el medio de un garage con un grupo de muchachos que no les interesaba nada más que tocar desenfrenadamente, hacer lo que se les diera la gana y lograr la mayor cantidad de ruido posible. Claro, esto siempre sin salirse del formato de canción ni yéndose a un post-punk al estilo de Sonic Youth y la ola del No Wave.

Las canciones son típicas de garage con influencias punk (en actitud sobre todo). Algunas melodías son más pegadizas que otras, llevándonos en momentos hacia un lado de rock de los ’60. Lo más importante de este disco, que sería lo que lo hace distinto a otras bandas de este género, es el enorme uso de distorsión del tipo fuzz, logrando guitarras densas y podridas que se acercan al sonido de Nirvana en “Bleach” o en varias de sus canciones pesadas de los otros 2 discos.

El disco empieza con “Death”, el cual abre con 1 minuto de una ola de ruido de guitarras eléctricas al borde de la destrucción. Cuando empieza la canción, nos encontramos con un toque punzante de púa hacia abajo al estilo de Hawkwind y con vocales desérticas que en momentos llegan a gritos podridos. Es un comienzo que ya nos pone los pelos de punta. Es un comienzo ideal.

“I Bought My Eyes” es un tema garage al estilo de los ’60, con guitarras que en momentos llegan a un punk potente, pero que en general rondan en el estilo de The Kinks. Lo más interesante son las guitarras desenfrenadas del pasaje instrumental del medio.

“Slaughterhouse” es el tema diseñado para “romperlo todo”. Guitarras muy rítmicas tocadas con un ladrillo haciendo enlaces armónicos de a semitono, una sección rítmica que le agrega la potencian necesaria y la voz de Ty Segall gritando al estilo del punk más hardcore. El cierre ruidoso es la cereza del tema.

“The Tongue” tiene 2 caras. Por un lado, el verso es bastante punk pero en un ambiente más rockandrollero al estilo Buzzcocks. Por otro lado, nos encontramos con la guitarra rítmica que abre el disco, que luego funcionará como estribillo. Esta, que llega a cada acorde mediante un arrastre ascendente, genera una enorme potencia con la ayuda de la batería. Por en el final nos encontramos con otra que torna el tema en un noise rock puro.
“Tell Me What’s Inside Your Heart” es rock and roll con aires de punk que puede recordar a The Damned: bailable y pegadizo, pero sucio y desafiante. Debe ser el tema más accesible del disco.

“Wave Goodbye” es lenta, pesada, densa y entorpecida, llevándonos a paisajes pesados de las primeras bandas de hard rock que se transformaría en proto metal como el primer Led Zeppelin o Blue Cheer. Aunque es de volumen alto, por su lentitud (en comparación a los anteriores), funciona como una especie de descanso, una especie de sección intermedia del disco.

“Muscle Man” nos lleva de nuevo al rock de garage al estilo de los ’60. Nuevamente podemos escuchar aires de The Kinks.

“The Bag I’m In” son 2 canciones en una. Por un lado tenemos un riff de bajo que se repite una y otra vez con vocales que van al ritmo de este instrumento en un ambiente sucio al estilo de MC5. Por otro lado tenemos una especie de canción experimental con guitarras haciendo el ruido más puro.

“Diddy Wah Diddy” tiene un toque especial. Aunque la parte armónica es un rock and roll alegre y bailable y la melodía, en general, va de la mano con esto, debido a la distorsión, vocales sucias que en momentos llegan a los gritos y la bruma de sonido que hace que nada se entienda claramente, se transforma en una especie de canción destruida. Es una imagen muy pintoresca con bastante personalidad.

“Oh Mary” cierra la parte de canciones de forma perfecta: velocidad, ritmo, guitarras punzantes y ruidosas, distorsión al máximo, voces podridas y volumen alto. Toda la energía del disco confluye en este tema que no llega a los 2 minutos.

Finalmente tenemos “Fuzz War”. Fuzz, en rock, significa ruido/suciedad. War es guerra. Y este tema es eso básicamente: una improvisación libre (si no lo es, entonces parece, pues no le encuentro una estructura y desarrollo fuerte a esta canción…y tengo escuchado bastante de estas cosas) cargada de guitarras eléctricas chirriantes, disonantes y distorsionadas al tope, baterías que juegan sin dar noción de pulso alguno y bajos que nos dan una especie de centro de gravedad de ultratumba. No es un tema para escuchar de cualquier forma. Es algo para escuchar de verdad y compenetrarse. Es un paisaje sonoro el cual uno debe penetrar y dejar que el sonido lo rodee y lo consuma. Como amante de este tipo de música, debo admitir que es de buena calidad o al menos es honesta.

Es verdad. No es un disco para cualquiera. No hay belleza, no hay prolijidad. Es una ola de distorsión frenética. Pero a cualquier amante del punk, garage rock, noise rock y lo que sea que contenga suciedad y actitud desafiante, le va a encantar.

Tampoco es un disco para sentarse a escuchar. Creo que la única posición que sirve para este disco es de pie. Si uno empieza sentado, ya en la 2da canción va a verse en la necesidad de pararse. Es que es un disco para saltar y romperlo todo. No soy una persona que le gusten los pogos y el contacto físico durante los conciertos, pero este tipo de música es de esas que despierta esa energía violenta que dan ganas de dar y recibir un buen golpe en la cara.

“Slaughterhouse” es de lo mejorcito que he escuchado en los últimos años. No sé si musicalmente, pero hacía tiempo que no escuchaba un disco reciente que me dieran ganas de romper cada vidrio de mi casa a golpes.

Este disco y los demás de Ty Segall demuestran que no es un artista cualquiera. Es un artista con alma de rockero de verdad. Es genuino y no parece preocuparle nada más que hacer la música que más le gusta de la manera que más le gusta.

Ty Segall es de aquellos artistas que no importa si llega al estrellato o no, siempre tendrá la actitud y estatus de un artista under: fiel a sus principios y en la música por la música.


     




Como siempre, les dejo aquí para que puedan escuchar el disco (a veces intento recordar mi vida antes de Wikipedia y Youtube...):

"Death": http://www.youtube.com/watch?v=YlS7hSM0gFI             
"Slaughterhouse": http://www.youtube.com/watch?v=8Ki8VggaDog          
"Tell Me What's Inside Your Heart": http://www.youtube.com/watch?v=Zq4J9tl_Q_E       
"Wave Goodbye": http://www.youtube.com/watch?v=-FSTSlyB9sQ         
"Muscle Man": http://www.youtube.com/watch?v=l7I-Rxgyj60                
"Diddy Wah Diddy": http://www.youtube.com/watch?v=evrKXJ0H-Ek           

  





ESTENSE ATENTOS QUE LA SEMANA QUE VIENE LLEGA UNA RESEÑA ESPERADA......


martes, 1 de octubre de 2013

Alejandro Pacello - "Luar"

Para terminar con la línea de jazz por unas semanas, les traigo hoy un disco de un artista de mi país, Uruguay, que me ha dejado boquiabierto.

El guitarrista Alejandro Pacello es de aquellos que no pueden encasillarse en un estilo. Es verdad, su base es de jazz. Eso es incuestionable. Pero al tratarse de un músico de estos últimos años y viviendo un ambiente donde ya han sucedido muchísimas cosas, es más fácil extender el lenguaje hacia varios territorios. Y por suerte lo hace.

Se podría decir que la música de Pacello parte del jazz fusión, teniendo como referentes a Allan Holdsworth, John McLaughlin, John Abercrombie, Scott Henderson, etc. O sea, aquel jazz fusión donde el jazz predomina más que el rock y que contiene poco y nada de funk como Weather Report o los trabajos de Herbie Hancock.

Aquí es donde podemos notar la genialidad guitarrística, donde utiliza un lenguaje que tira más al jazz que al rock, pero que, debido al sonido crudo y distorsionado, lleva a este último de la mano. No es tanto el lenguaje lo que sorprende. Es muy bueno y de verdad lo domina, pero es esa dicotomía que hay con el timbre eléctrico cuasi garage rock que le da el verdadero gusto.

Sin embargo, y por suerte, no se queda solamente en estos territorios. En la música de este artista también nos encontramos con un lado acústico y es aquí donde se vuelve más rica la cosa.

Pacello tiene un dominio de la guitarra acústica excelente, con una técnica clásica que no tiene que envidiarle a otros grandes. Aquí nos podemos encontrar con ambientes calmos y meditativos, así como otros con mayor euforia y energía. A su vez, estos ambientes también están condicionados por diversos enfoques, ya que hay momentos en los que no se deja de lado el lenguaje de jazz más clásico, acercándose a los trabajos solista de Joe Pass, otros en los que se puede escuchar un estilo más cercano al sello de la ECM, teniendo a Ralph Towner como referencia, e incluso momentos en los que una especie de folk new age logra vida a través de las cuerdas de su guitarra.

Algo interesante es que, a diferencia de una larga tradición en Uruguay, no hay ni un asomo de candombe pero sin embargo suena uruguayo.

 En muchísimos conjuntos de jazz del Uruguay, hay un enorme uso de candombe y esto se ha vuelto, por mi parte, cansador. Como principio, o sea, el tener un lenguaje que pertenezca a la identidad de uno, me parece genial y super respetable. Pero el problema es que (y esto para TODA la música), si uno no incluye candombe, carnaval, milonga o el género de raíz nacional que sea, entonces no es uruguayo, lo cual obviamente es una estupidez. Pero a su vez, esta gran mayoría resuelve las cosas de la misma manera. Algunos serán más minuciosos que otros, pero al final, todo suena parecido. No igual, pero sí muy parecido. Salen nuevos discos y nuevos temas, pero ya los he escuchado millones de veces. Me parece genial incorporar esas tradiciones al jazz o al género que sea, pero el método con el que se los incluye está oxidado y no da para más.

“Luar”, lanzado en el 2012, es el 2do trabajo discográfico de Alejandro Pacello, siendo el primero “Trio” lanzado hace ya varios años, allá por el 2000.

En el interior del disco, nos encontramos con una frase escrita por el mismo guitarrista que dice: “Este trabajo intenta tender un puente entre dos universos musicales: por un lado las piezas para guitarra sola, la música escrita y la guitarra clásica, y por otro el jazz fusión, la improvisación y la guitarra eléctrica”.

Aunque esto no es tan equitativo como suena, ya que hay una clara predominancia de la guitarra clásica solista y aún más de la “música escrita”, es lo que sucede en este disco.

Nos encontramos con temas en los que Pacello toca en solitario su guitarra clásica, viajando por diferentes paisajes y estados de ánimo, temas en los que aún hay guitarra clásica y partitura pero acompañado de banda y temas totalmente electrificados donde la improvisación y la energía están en el volante.

Para este disco, Pacello contó con la presencia de Martín Cruz (batería) y Andres Pigatto (contrabajo) en “Jazz Sonatina” y  “Hacia otro lugar” y con Cruz y Nacho Correa (bajo eléctrico) en “Montevideo a media noche”.

Debido a su clima predominantemente acústico solista, es un disco muy entrañable y meditativo. Claro, obviamente que en los temas en donde nos topamos con la energía e improvisación no, pero son pocos los casos.

El disco abre con “El regreso de Fiticus”. Creo que si me hubieran dado a mí para elegir el orden de los temas, habría puesto este como el primero también. Es un tema solista de gran energía; una especia de aventura donde algo nos acecha, con un ritmo tensor y una progresión armónica y arreglos que poco tienen que envidiarle a piezas clásicas de la índole de Abel Carlevaro, que sin duda es una influencia de este guitarrista. Técnicamente es destacable, logrando una especia de doble guitarra con un bajo rítmico tocado con el pulgar mientras los demás dedos hacen la especie de melodía. Esto puede hacer recordar a la técnica de Bruce Cockburn. Sin embargo, estilísticamente, se encuentra en un ambiente enérgico y progresivo que a los pocos segundos se asocia con Egberto Gismonti. Es tal vez la joya del disco.

“Una mujer en la playa” nos lleva al lado de jazz acústico más tradicional. Rápidamente se nos vienen a la cabeza varios nombres: Joe Pass, Pat Metheny, John Abercrombie y Bill Connors en su faceta acústica y más que nada Ralph Towner, entre otros. Es un tema super tranquilo, contemplativo y bello, cargado de detalles, donde se plasma perfectamente la música escrita con el jazz. Destaco el detalle de cambio armónico mediante un desliz en el traste de la guitarra en lo que vendría a ser el estribillo de la canción (apareciendo por primera vez en el segundo 24). También es muy interesante el cambio que sucede por el minuto 3, llevándonos a un lugar más oscuro y tenebroso que recuerda mucho a los hermosos paisajes del disco “Characters” de John Abercrombie (una enorme gema del jazz acústico).

“Atardecer” es la más tranquila, evocando el tal vez paisaje más bello del disco (tomando la definición más clásica de paisaje bello). Basada en un arpegio que sufre ciertas variaciones a lo largo de la canción, cuenta con grandes detalles sin llegar al virtuosismo que podíamos encontrar en los temas previos. Podría denominarse como una canción folk new age de buena calidad, recordando a las grabaciones de guitarra solista de los discos de la discográfica Windham Hill, en especial las de William Ackerman. Aun así, y por suerte, no llega a los niveles de ternura barata de varias de estas grabaciones. Está en el punto preciso.

“Janaina” es la última acústica solista antes de pasar al formato de banda. Aquí nos encontramos con otro enfoque. Nos alejamos del jazz, folk y todo lo anterior y nos vemos en un mundo neo-romántico académico que recuerda a aquellos compositores de guitarra clásica, como Mario Castelnuovo-Tedesco y Alexandre Tansman, que en el siglo XX adoptaron el lenguaje musical neoclasicista que tanto tocó el conocido Andrés Segovia (al cual le tengo enorme repudio por haber atrasado por largo tiempo el repertorio de la guitarra clásica por haber sido un asqueroso clasicista autoritario, ya que era casi que el único guitarrista conocido de esa época, y no querer tocar absolutamente ninguna pieza de compositores contemporáneos de aquel entonces que presentaban un lenguaje más innovador. Gracias a Dios apareció Leo Brouwer y cambió toda esa situación).

Ahora nos encontramos con “Jazz Sonatina”, una sonatina de 3 movimientos compuesta por el compositor serbio Dusan Bogdanovic para guitarra solista y arreglada para trío por Pacello para los movimientos I y III.  Por un lado puramente objetivo, la pieza (y con esto me refiero a lo creado por Bogdanovic) no tiene gran valor. No hay ningún planteamiento armónico que llame la atención, mucho menos la construcción, que se basa en un modelo clásico que se viene utilizando desde hace siglos. Técnicamente, tampoco introduce nada nuevo. A su vez, la mezcla de música clásica con otros lenguajes como el jazz no es nada innovador. Básicamente, es una pieza que podría saltearse o incluso faltar en el repertorio musical. Por el lado subjetivo, es una pieza con energía a imaginación y con varios cambios de ánimo manteniéndose siempre en un mismo paisaje. En lo personal, me gusta. Pero acá lo interesante es el arreglo. No es nada arriesgado en sí. No es como la adaptación de “Bourée” de Bach a banda de rock por Jethro Tull u otras composiciones barrocas para banda de heavy metal (algo que es tan asqueroso y terraja como las mismas guitarras que usan los que tocan esa música. Amigos, hay cosas que funcionan y otras que no, y no sé en qué dimensión, galaxia o universo encontraron esa combinación como respuesta a sus ansias de tocar música...). Por tratarse de una sonatina con enorme uso de un lenguaje de jazz, adaptarla a un trío de esa índole no parecería descabellado. Pero fue Pacello quien lo hizo y es una idea genial y funciona perfectamente. Vale la pena apreciar los arreglos logrados para esta pieza musical.

A esto le sigue “Hacia otro lugar”, el primer tema donde aparece la guitarra eléctrica. Basada en el tercer movimiento de la Sonatina, nos encontramos con un jazz fusión con gran energía y enorme destreza técnica. Aquí podemos notar el sonido rockero de este guitarrista que, manteniendo un lenguaje puramente jazzístico, logra ensuciar todo con alta distorsión y shredings rapidísimos. No hay que dejar de lado los aportes del baterista Martin Cruz quien logra mantener el ritmo sin dejar de lado los pequeños detalles.

“Montevideo a media noche” es el tema puramente eléctrico, ya que, además de la guitarra eléctrica, nos encontramos con el bajo eléctrico de Nacho Correa. Este debe ser el tema que está más apartado del resto del disco, pues, por más que el tema anterior fuera con guitarra eléctrica y con un lenguaje de jazz fusión, el resto de los instrumentos era acústico y se trataba de una especie de variación de la sonatina. Tal vez este sea el único caso en donde el género sea más cercano al de otros temas del repertorio uruguayo, sobre todo por el ritmo proporcionado por la batería. Aun así, esto es leve. Aquí podemos escuchar fuertes evidencias de Allan Holdsworth en sus trabajos que empezaron a  finales de los ’80 y los trabajos de los últimos años de John McLaughlin. Lo interesante es que, aunque sea puramente eléctrico, no es un tema que llegue a un nivel energético tan grande. Nuevamente los solos de guitarra de Pacello son sorprendentes, haciendo gritar a la guitarra con un nivel preciso de distorsión. Por mi parte, me habría gustado que el bajista en este tema, y también en el anterior, hubieran tenido una participación con mayor presencia. Algún solo o tal vez un momento puramente rítmico. Aun así, destaco las participaciones por parte de Correa, con un aire funky super rítmico que no caen en el típico tributo a Jaco Pastorius, logrando líneas muy cantables.

“Joaquín” despide el disco como debía serlo: un tema acústico solista. Es muy bello, gentil y super entrañable que en cierta forma deja un sentimiento de tristeza por tratarse del final de este álbum. Sin embargo, nos despide de una gran forma, con ambientes nocturnos y misteriosos que desembocan en una melodía amistosa que le dibujan una sonrisa al oyente. Es de esas canciones que uno podría escuchar para despedir la noche cuando se encuentra en las afueras de la ciudad.

“Luar” nos presenta un abanico de estilos que toman como punto de partida el jazz, pero que pronto sacan raíces hacia otros campos. Es imposible catalogar de forma adecuada a este disco porque hay más de un mundo viviendo al mismo tiempo. Ponerle la etiqueta de “jazz” es lo más fácil y evidente, pero quiero dejar en claro que esto lo hago simplemente para dar una idea y sin duda no merece etiqueta.

Es un disco interesante porque nos transporta a un universo muy rico en tan solo 36 minutos. Son 36 minutos de arreglos exquisitos, paisajes diversos muy bien pintado y de una fineza musical enorme. Es un disco muy bien trabajo pero careciente de pretensión.

A su vez, lo destacó por tratarse de algo diferente. Tal vez no tanto a nivel internacional, aunque podría incluirse tranquilamente en un catálogo de la discográfica ECM, cuyo sonido se asemeja mucho al de este disco, y no pasar desapercibido en absoluto (y mucho menos envidiarle algo a otros discos). Pero sí a nivel nacional. Hasta ahora no había escuchado una propuesta de este estilo en el campo del jazz uruguayo y sin duda me da mucha alegría que alguien como este gran guitarrista se tome el riesgo de aventurarse por estos territorios tan poco explorados en el jazz nacional.

2 párrafos atrás decía que la etiqueta de jazz no describe todo lo logrado en este disco. Yo diría que la indicada es “música”…..y de la buena!





Aquí les dejo el Soundcloud de este artista donde podrán escuchar algunos de sus temas y samples de otros, y dónde podrán comunicarse con él si tienen ganas de adquirir su disco, que esperemos que así sea (al menos es mi recomendación...): https://soundcloud.com/alejandro-pacello

También les dejo su MySpace: https://myspace.com/alejandropacello/music/songs







HASTA LA PRÓXIMA!!!!