martes, 8 de diciembre de 2015

Señor Faraón - "Piel de culebra"

La vez pasada hablaba de aquellos discos que traen algo novedoso, “un paso adelante”, y el valor que tienen y desde dónde tienen que ser valorados. Pero hay otra cara de la moneda. A veces hay discos que tal vez no traen algo novedoso en cuanto a estilo, composición, arreglos, etc, pero que el conjunto está llevado a un punto máximo, dónde cada parámetro musical es trabajado minuciosamente, logrando que ese lenguaje conocido por el oído tenga una variante. Y hoy traigo un ejemplo de ello, un ejemplo que, como el disco de Portillo, dejará su marca. No desde el mismo lugar; otro tipo de marca, pero sí una marca e importante creo yo.

Ismael Varela es la cabeza detrás del proyecto solista uruguayo llamado Señor Faraón, uno de los más interesantes junto al anteriormente reseñado Portillo y al aún más anteriormente reseñado Alessandro Podestá. Los 3 solistas de alguna manera se conectan en algún punto debido a sus idiosincrasias: cantautores con un gran despliegue guitarrístico y vocal, a lo cual se le suman varios detalles personales.

El camino de Señor Faraón empezó en el 2008 con su 1er disco titulado “Siguiendo al rayo”. En ese entonces, se trataba de un bluesman en su más pura definición: canciones solamente con guitarra de cuerdas de acero y voz, alguna armónica cada tanto, cantadas la mayoría en inglés. Tenía un estilo particular de tocar, el cual era prácticamente todo usando los dedos, pero no era nada del otro mundo. Era interesante por su forma de interpretar el estilo, con canciones muy bien hechas que aprovechaban ambos instrumentos a gran nivel, pero siendo objetivos, no se alejaba del estilo.

El tema es que Ismael Varela era mucho más que eso. En paralelo, era baterista y compositor de Revólver, banda uruguaya de blues-rock (que estuvieron por aquí hace 2 años por su último disco “Vengan todos a la luz”: http://hoboblues2013.blogspot.com.uy/2013/12/revolver-vengan-todos-la-luz.html) y era percusionista y luego compositor de Hablan por la Espalda (quienes también estuvieron en el blog por su más reciente disco “Sangre”: http://hoboblues2013.blogspot.com.uy/2015/04/hablan-por-la-espalda-sangre.html ). El Señor Faraón de ese entonces era solo una cara del “todo” de Varela. Y fue en su siguiente disco “Las últimas en inglés” (título que dejaba en claro que era el cierre de un pasado y el comienzo de un futuro) que de a poco fue mostrando su “todo” en conjunto: canciones que traspasaban las líneas del blues y folk estadounidense, la aparición en momentos de percusión, arreglos de guitarra que tocaban varios otros estilos. No era un gran salto, pero se notaba que de a poco se abría a algo nuevo.

Con el paso del tiempo, la evolución que tuvo en ambas bandas fue muy grande, sobre todo en HPLE, quienes decidieron agregar con su entrada un lenguaje que se enfocara más a las raíces de nuestro país y posteriormente sumándole cosas más de los '70, y donde él tuvo la posibilidad de componer. A la vez, el abanico de Revólver también se expandió. Esto, inevitablemente, se adentró en el música de Varela. No es que los estilos se asemejaran. Siempre hubo una enorme distinción entre sus bandas y su proyecto solista; ciertos aspectos se encontraban, pero más que nada, la idea del cambio. Obviamente esta es una visión personal, pero no creo que sea coincidencia que los 3 proyectos tomaran nuevos rumbos casi que a la par, menos cuando él estaba como compositor en todos. El pie, la idea del cambio estaba presente.

Sumado a las búsquedas personales, el mundo de Señor Faraón se amplió y de a poco se fueron escuchando en vivo canciones que se alejaban de ese primer blues-man de raíz estadounidense a algo que se podía conectar con cantautores de nuestro territorio. Letras en español con un carácter sumamente poético, armonías más expandidas con pasajes que podían ir de algo tonal a algo más del siglo XX, aspectos de música más autóctona como el candombe (en momentos), mayor uso de contrastes dinámicos y de arreglos, diferentes secciones claramente distinguibles que hacía que las canciones tuvieran un mayor desarrollo, distintos lenguajes para cada canción, etc. De alguna forma, este nuevo rumbo lograba que cada canción obtuviera mayor personalidad e independencia, contrario a lo que sucedía con sus primeras canciones, las cuales todas tenían el mismo género y encare. Era un cambio notorio que no dejaba de lado su idiosincrasia presentada en el 1er disco, pero que la había cambiado de procedencia. Claramente había, consciente o inconscientemente, un mayor acercamiento la música de cantautores de nuestro país y territorio que la de países anglosajones.

En el 2014, entró al estudio para grabar estos nuevos temas y fue el 20 de noviembre de este año 2015 que finalmente vio la luz el 3er álbum titulado “Piel de culebra”.

El disco, para los que ya conocemos su trabajo y lo venimos siguiendo, no sorprende. No sorprende en el resultado, en el lenguaje. De alguna forma, era el resultado al que tenía que llegar, algo así como su destino. Esa sumatoria de cambios en su forma de componer, en su encare, más la clara evolución que tuvo en sus 2 bandas y por ende evolución personal....bueno, esto era lo que varios esperábamos y queríamos: una especie de síntesis del mundo musical que contiene Ismael Varela.

A diferencia de Jorge Portillo, el anteriormente reseñado (y que vuelvo a recomendar enormemente), Faraón no tiene cosas tan personales, o sea cosas que uno diga que son propias de él. Portillo tiene su propio lenguaje, el cual es desarrollado a lo largo de todo su disco. Faraón no tiene un lenguaje tan propio, pero es varias cosas a la vez. Es blues, es folk, es tradiciones uruguayas, es tradiciones latinoamericanas, es rock. No tiene algo totalmente personal, pero su personalidad se trata de ser un conjunto de varias cosas y dominarlas de gran manera, sobre todo su nivel como guitarrista, percusionista, cantante y compositor. Faraón es muchos a la vez

Este disco ve por 1era vez todas esas caras unidas y por ende, es super heterogéneo. Son 10 temas, cada uno con un paisaje diferente. Algunos más cercanos entre sí, otros bastante diferentes. Claro, siempre dentro de un contexto tonal de músicas que nos van a sonar a todos cercanas. A eso me refería en el párrafo anterior y en el comienzo. No nos vamos a encontrar con nada novedoso por el lado de estilos. En ese sentido, no nos va a llamar la atención. Lo valioso es como, por un lado, están todos esos estilo muy bien logrados, y por otro, la calidad instrumental y arreglística de Varela. Cada tema hace uso de su estilo al máximo, buscando las diferentes posibilidades para arreglos y detalles fugaces que hacen que lo que ya conocemos tenga todos los colores, porque la paleta de ellos ya es conocida y lo mejor que se puede hacer hoy en día es aprovecharla toda, en su mayor nivel.

Parte de esa síntesis del mundo de Varela es evidenciar su multi-instrumentalismo. Y con tal término me refiero a uno de verdad. Existen varios discos en los que 1 solo músico agarra una guitarra, y un teclado, y una percusión, etc etc. Pero nos damos cuenta que domina solo 1 (a veces diría...) y que los demás los usa de manera muy simple, sin sacarle ningún jugo propiamente del instrumento, sino más bien compositivo. En este caso, nos topamos con un músico que es tanto guitarrista (y uno muy bueno y de los más interesantes de la escena uruguaya actual) como percusionista (digamos que tanto en HPLE como Revólver tenía un desarrollo como tal de gran nivel, siempre aprovechando los instrumentos con ritmos y detalles que no cayeran en lo ordinario) y como cantante (su voz, aunque lejos del virtuosismo, tiene un timbre bastante particular y reconocible, con ciertos giros melódicos que ya son característicos de su música, sobre todo en el medio-agudo).
Acá nos vamos a encontrar con diversas guitarras, diversas percusiones (desde tambores hasta glockenspiels), diversas voces, diversos instrumentos de cuerda (como charango o triple), y todos trabajando como si fuera una gran banda, dando siempre lugar al juego entre ellos, sea desde la polirritmia o la polifonía.

Desde mi punto de vista, el cual obviamente tiene su grado de subjetividad (pero lo digo también teniendo en cuenta la estética y bueno, conceptos estrictamente musicales), es verdad que a veces puede sonar sobrecargado de detalles. No en todos los temas y en aquellos que sí, no todo el tiempo. Pero hay momentos que puede haber un cierto “exceso de información” por la variedad de timbres que a veces son hasta fugaces. A veces puede tener muchos detalles de más y opacar ciertas participaciones que son más interesantes o distraernos de ellas. Pero repito, en algunos momentos y de nuevo, desde mi punto de vista.

El gran cambio, dentro de lo que era Señor Faraón, es las letras en español. En su primer disco había, pero el idioma que reinaba era el inglés. Y bueno, en su disco anterior, “Las últimas en inglés”..... En este, el español domina. Pero además de eso, hay un gran cambio en la estética de las letras. Hay mucha más metáfora, un tono más poético y no tan directo como sus anteriores letras. Esto le da un toque a la música, pues es muy paisajística y con este tipo de letras, se ve reforzado gracias a esa mayor ambigüedad y abstracción.

“Adiós”, “Vayan prendiendo el fuego”, “Insectos y hombres” y “Piel de culebra” son las que resultan más familiares a su trabajo anterior. Rondan entre el folk y el blues, con mayor evidencia de una u otra según el caso, pero a la vez, se le agregan detalles de la música de cantautores nacionales. “Adiós” e “Insectos y hombres” son en su formato clásico, guitarra y voz. Lo interesante es como en ambas la armonía se ve expandida de los típicos enlaces de acordes, o incluso cuando lo son, están adornados. Los otros 2 temas son ya en un formato de banda, con guitarras, percusión, bajo, armónica, varias voces. “Vayan prendiendo el fuego” es más interesante por su delicadeza en cada instrumento. Lo más destacable en todos los casos es el trabajo vocal, sin duda.

Los demás temas se alejan de esto y son los que de verdad expanden el mundo de Señor Faraón.

“Sangre de amar”, el 3er tema del disco, armónicamente tiene unos giros muy interesantes, siempre jugando en algo tonal, pero está muy bien armada. Además es interesante como cada sección de acordes tiene su propio carácter y dinámica. Algo inteligente es que en el estribillo la música no llega a “explotar”. La suma de tensión que se va dando a lo largo del tema daría todo para que en el estribillo, en su 2da vuelta, se cargara. Sin embargo, aquí se mantiene siempre chico, sin dejarse llevar por lo que podría ser lo más evidente.

“Contigo el salto” trae de lo más novedoso del Señor Faraón que es la incorporación de folclore latinoamericano. No es un tema que por sí solo llame. Dentro del estilo, es bastante típico, nada del otro mundo, pero dentro del contexto de Señor Faraón, es novedoso y es un tema que le da mayor variedad al disco; amplia el repertorio.

“Canción en llamas” es el candombe del disco. Yo soy el primero que dice que dentro de la canción popular, el candombe ya no da para más, al menos no como se viene trabajando desde siempre. Señor Faraón le buscó una vuelta. No se fue al otro extremo, pero logró encontrarle un foco diferente. Por un lado, la armonía de la estrofa son 4 acordes, los cuales están armados en 2 y 2 a distancia de semitono. Es más, todos los acordes son iguales en esta sección solo que son transportados. Eso ya le da un giro diferente a la típica canción candombera que siempre presenta los mismos y gastados acordes. También el juego polirrítmico que se forma entre la percusión y los diferentes instrumentos melódicos que aparecen, sea las armónicas o las guitarras eléctricas super distorsionadas, le da un color muy diferente, sobre todo porque la polirritmia siempre está presente pero los instrumentos van variando todo el tiempo; salvo la guitarra y alguna percusión, todos los instrumentos están saliendo y entrando constantemente, a diferencia de la pared de sonido inmóvil del formato clásico. Sin duda es de los temas más interesantes del disco, porque dentro de esos lenguajes ya conocidos y repetidos, es el que logra dar un enfoque más original. Este no es una canción candombera del montón.

“La superstición” está tocada en charango en un arpegio constante que da la sensación de movimiento. Seguramente sea el tema que más se aparte del estilo conocido de Señor Faraón y bueno, de los demás temas del disco. Armónicamente es la más interesante. Sus constante cambios de acordes la hacen bastante impredecible. Obviamente que por esto, sumado al apregiado y el timbre del instrumento, se transforma en el tema más paisajístico, ambiental y nocturno del disco. Para aquellos que queden entusiasmados con él, les recomiendo el disco “Ronroco” de Gustavo Santaolalla, disco cuyo instrumental es el mismo en toda su duración y que en estilo se asemeja mucho a este tema.

“Hacia el filo del alba” es el otro tema que nos trae ese latinoamericanismo explícito. Se trata de una chacarera, pero que a diferencia de “Contigo el salto”, se da el gusto de explorar más, agregando varios giros melódicos en la voz, diferentes arreglos que incluyen vientos, entre otros. Además, por su extensión (7:20 minutos), hay más posibilidades de darse este gusto.

“Ruge como”, el tema que cierra el disco, puede que sea como los 4 que nombraba al principio, en el sentido que se trata de algo más cercano al folk estadounidense. Sin embargo, no es una canción con la estructura típica. No tiene una estrofa principal ni estribillo. Es más bien como una composición con comienzo, desarrollo y fin. Es más, dura casi 9 minutos y contiene varias partes, cada una con su propia personalidad e instrumental (aunque la guitarra y la voz son siempre el pedal). Es un perfecto final, pues además de todo esto, sin duda hay cierto carácter épico, como “gran final”. En momentos recuerda a los largos y épicos temas folk del disco “Stormcock” de Roy Harper. A diferencia de los otros temas que vengo describiendo, este no expande el mundo musical de Varela por su estilo, sino por su construcción y desarrollo.

Si retomara lo que hablaba en la reseña anterior, del valor que puede tener un disco, o sea, qué aporta a la música en general y si no lo hace, dentro del estilo que está, qué logra, yo creo que en este caso tendríamos un disco que juega en ambos lugares.

Por un lado, no está inventando nada nuevo. No es que nos trae un nuevo estilo o forma de componer. No es como el de Portillo en el que hay un lenguaje personal muy grande que se vuelve bastante inclasificable. Lo que se presenta en “Piel de culebra” son estilos que ya son conocidos por todos y que además se abordan como canciones tonales, o sea, no hay tampoco una ruptura a nivel constructivo, ni armónico ni melódico.

Sin embargo, tampoco podemos decir que sea un disco que no aporta a algo más grande y cuyo valor solo se pueda medir por su calidad dentro de un estilo. Para empezar porque no hay un solo estilo, sino varios, a veces lejanos. Pero por sobre todo, porque todos están hechos con un gran nivel, tanto instrumental como compositivo, y el uso de de los instrumentos está pensado, en una gran mayoría de los casos, de una forma que escapa de la tradición de cada estilo presentado. Es algo así como una sumatoria de varias cosas que venimos escuchando hace años pero llevadas a un nivel mayor, o más bien, una unión de lo máximo o cuasi máximo que se ha llegado en cada una. Es un disco cuyas canciones funcionan por sí solas, pero que en conjunto, la suma de toda esta heterogeneidad llevada a un nivel alto, le dan algo que lo separa de una gran mayoría de discos de nuestro país. Y por ese aspecto, diría que sí está aportando algo nuevo.

Yo no creo que sea un disco más. Creo de verdad que va a dejar una huella importante. No del mismo tipo de Portillo. La de este último es de esas que aportan algo novedoso, diferente, un nuevo lenguaje. El de Faraón es una marca que eleva aún más lo ya sucedido. De alguna forma, es como llegar al tope de la montaña.

No puedo decir que el disco sea un “hasta acá se puede llegar con esto, dejen de intentarlo”. Antes de este disco, podría haberlo dicho y sin embargo ahora tenemos esto y es algo valioso. Pero es verdad que últimamente hay una enorme repetición y se pierde el entusiasmo de hacer búsquedas más personales, “buscarle la vuelta al asunto”. Pero en este caso, se la busca y se encuentra, sin querer alejarse del lugar tradicional y ameno para el oído, pero se encuentra.

No será un cierre, porque siempre se puede, aunque es difícil, darle un tirón más a la cuerda. Pero creo que después de este disco, conviene mejor pensarlo 2 veces antes de lanzarse, porque va a ser difícil repetir esto.






Como siempre, los links.

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HASTA LA PRÓXIMA!!!