miércoles, 6 de agosto de 2014

Reyes Estallar - "La Muerte en una Buena"

Es cómico que el debut de una banda se titule “La Muerte en una Buena”. Pero acá lo único que podemos encontrar es “nacimiento”. No estético-musical, pero sí de actitud. O más bien un retorno o reivindicación de las raíces: el Rock and Roll en su pureza traída al siglo XXI.

Reyes Estallar tiene su toque “romántico” por 2 aspectos.

Para empezar, su formación, que consta de 2 guitarras, 2 voces y batería. No hay bajo. Aunque muchos lo verían como una carencia, es ese supuesto “vacío” lo que le da un toque ameno, más íntimo, algo que podrías escuchar en el garage de la casa vecina. Además, esta falta sin duda es adrede, pues fácilmente uno de los integrantes podría haber tocado el bajo. La exclusión consciente del instrumento, demuestra que la banda, por más que se trata de Rock and Roll puro, tiene claro el sonido que quiere traer a su música y que no se maneja con simples convencionalismos.

Pero lo más “romántico” se da por quienes tocan los instrumentos: Nicolás Barcia (guitarra eléctrica y voz), Matías Cantante (guitarra acústica y voz) y Carlos Priario (batería y percusión). Por un lado, se podría tratar de esas formaciones denominadas “super banda” ya que nos encontramos con Nicolás Barcia, uno de los veteranos de la escena under del Rock uruguayo quien fue líder de una de las bandas más importantes e interesantes del país, Chicos Eléctricos, y que ahora, además de esta, integra otra banda muy interesante del momento llamada Hotel Paradise, Matías Cantante, líder de bandas de la escena under actual como Los Extraterrestres (de quienes escribí anteriormente) y Los Nuevos Creyentes, y Carlos Priario, integrante de Hablan por la Espalda, una de las bandas uruguayas (ya no muy under que digamos) más interesantes de este momento y que por suerte vienen escalando hacia el reconocimiento totalmente merecido. Y es esta integración, uno de los padres del rock under del Uruguay y unos de los “hijos” de esto, que le da ese toque “romántico”, al menos para los que conocemos sobre la historia de la escena y que somos fanáticos de no solo la música, sino de la colectividad que se da. Para hacer una analogía, es como aquella unión entre Neil Young y Pearl Jam para el disco “Mirror Ball” y su consecuente tour.

Este disco debut titulado “La Muerte en una Buena” y lanzado por Bandcamp el 29 de Julio de este 2014, nos trae un Rock and Roll de raíces atemporal, porque suena actual, pero es algo que cuajaría perfectamente en los ’70. La influencia más clara, o al menos más prominente, es The Rolling Stones, aunque el momentáneo desvío de esa línea puede llevarnos a los aires de sus hermanos estadounidenses, Flamin’ Groovies. Pero dentro de esta clara superficie se encuentran mezclados otros ingredientes, como el Outlaw Country de artistas como Johnny Cash y Willie Nelson y hasta el la faceta más rockera de Bob Dylan. Y lo que sin duda está presente en algo más por la actitud es el Punk, lo cual no sorprende ya que tanto Barcia como Cantante y Priario siempre han tenido ese género musical presente en sus creaciones.

Una de las cosas que destaca este disco son las guitarras de Barcia. Es de esos guitarristas que tienen la capacidad de hacer riffs no muy complicados pero con el toque necesario para que tengan su atractivo, uno que hace que los temas puedan diferenciarse por más parecidos que puedan llegar a ser en ciertos casos. Por un lado, podría decir que a medida que correr el tiempo, sus guitarras se vuelven cada vez más trabajadas. Claro, siempre atrae ese atractivo desgarrador que tuvo Chicos Eléctricos, pero siendo objetivo, sus guitarras en este trabajo, y más aún en Hotel Paradise, demuestran su evolución. Pero más allá de eso (porque a fin de cuentas siempre se trata de algo subjetivo), hay algo que es indiscutible y es que ha logrado una versatilidad enorme dentro del campo del Rock más crudo, ya que las guitarras en Chicos Eléctricos son muy diferentes a las de Reyes Estallar y Hotel Paradise. Es más, hasta los de estas dos últimas son diferentes y ambas son contemporáneas. Además, en este disco mismo podemos encontrar una variedad de riffs, cada uno con su propia “personalidad”, más allá de que jueguen más o menos en el mismo terreno.

Aunque tanto Cantante como Barcia cantan, el primero es el que se lleva el premio en este disco. Mientras que en la mayor parte del trabajo de Extraterrestres y Los Nuevos Creyente se encuentra cruda y quebradiza al mejor estilo punk, aquí su voz es mucho más dulce y pura, a veces hasta adolescente (excepto en “Pejerrey”). Ciertos glissandos que llevan de una nota a la otra le dan un toque mareadiso que, aunque el tempo está siempre bien marcado por los otros instrumentos, genera una duda si el siguiente acorde caerá donde “debe” caer. A su vez, ciertas vocales son cantadas con una voz más nasal. Todo esto le da un carácter más inocente a las canciones en la que es protagonista su voz. Y esto, mezclado con la música enérgica, se transforma en un combo que puede gustarle a cualquiera de verdad (lo cual no es fácil de lograr).

Priario no queda atrás. En ningún momento se aleja de los ritmos más típicos de este género, ni siquiera vamos a encontrar algún instrumento de percusión un poco diferente. Su set de batería es básica. Pero el interés en sus participaciones no decae debido a cómo toca estos ritmos, estos instrumentos. Y el “cómo” es fuerte y potente. No pierde en ningún momento el swing necesario para que esto sea Rock and Roll, pero esa sobrecarga de energía  hace que esta música esté entre el baile y el desaforo.  Obviamente que esto se da sobre todo en los temas más potentes, ya que en los temas más tranquilos es capaz de contenerse.

Aunque son solo 9 canciones, hay 3 que destacaría.

La balada desolada de base acústica,  “Su calavera”, es una de ellas. Por un lado, la voz de Cantante llega a su punto máximo en el disco (y a mi considerar, en todo lo que he escuchado de él), con melodías que, gracias a las notas largas, glissandos de nota a nota, el timbre de la voz pura y su forma de cantar un poco despreocupada, atrapan rápidamente. Ayudan mucho los cambios de dinámica de parte Priario entre los versos y el estribillo para que el tema tenga sus contrastes a pesar de la repetitiva armonía. Si tuviera que decir dónde se encuentra la mejor participación de Barcia en la guitarra, sin duda diría que es aquí. El riff principal tiene muchas variaciones a pesar de su corta duración y es interesante como cada acorde en el correr del tema tiene su propia forma de ser tocado. Sin duda la jema del disco.

“Hooker Mike” es otra. No es la gran cosa. Es un tema de Rock and Roll como varios más, con un riff típico del género, al igual que la letra, ritmo, arreglos, etc. En fin, no nos vamos a encontrar con nada que no hayamos escuchado antes. Sin embargo, cada uno de estos detalles está hecho a la perfección. Aquí supieron tomar cada “herramienta” utilizada un millar de veces en el Rock and Roll, explotarlas al máximo y así dar algo que no es nuevo pero sí logrado a la perfección. La guitarra tiene el sonido sucio necesario, la voz la crudeza para darle ese toque rebelde (incluso las notas desentonadas adrede ayudan mucho), la batería tiene su energía y swing en el tope. En fin, todo está en el nivel más alto que podría estar una canción de Rock and Roll bailable y efervescente o una canción de Rock and Roll para destrozar una casa entera. Estas 2 cosas combinadas en su punto máximo dan lo que a mi consideración es un excelente tema de Rock and Roll.

La 3era a destacar es “Divinorum”, por su melodía en un registro medio grave y los demás acompañamientos vocales y las participaciones de la guitarra eléctrica de Barcia (que gracias a la distorsión, sus arreglos en momentos se vuelven un poco difusos y le dan cierto atractivo). Gracias a todo esto, sumado a la percusión bastante minimalista pero con un timbre característico, se logra plasmar un paisaje bastante claro que remite a un viaje en ruta.
 
Algo que varios podrían decir es que es una música totalmente anglosajona y que no nos representa como latinoamericanos, etc, y en eso quisiera detenerme.

Yo soy de creer que es no solo interesante, pero necesario crear un lenguaje musical que se nuestro. Sin embargo, hay que tener ciertas cosas en claro. Empezando por algo general, la forma de concebir música en prácticamente TODAS las prácticas musicales latinoamericanas parte de planteamientos europeos. El pensar que “hay una armonía” y que esta “se mueve de tal manera” y que el discurso musical se da de una forma y que “cierta cosas están mal y otras bien”, no solo en las músicas populares más consumidas, sino también en los ámbitos más experimentales, es de proveniencia europea. Eso incluye hasta los mayores reivindicadores del latinoamericanismo. Porque lamento decirlo, pero hasta las figuras que más han representado ese latinoamericanismo, como Violeta Parra, Mercedes Sosa, etc., están extremadamente influenciados por ese longevo colonialismo, pues afinan como “hay que afinar” según los europeos, entonan como ellos dicen, usan acordes y movimientos armónicos que en la mayoría de los casos respetan hasta las reglas más fundamentales de la música tonal y podría seguir con un enorme listado de aspectos que los hacen “europeizados”. Si de verdad alguien quiere ser “latinoamericano”, o más bien alguien despojado en lo más posible de las prácticas europeas (porque digamos que ser puramente latinoamericano es imposible porque no queda nada puramente pre-colonial), va a tener que ir en contra de TODO lo que conoce, incluso de la manera de pensar y concebir música. El día que alguien lo haga, seré el primero en aplaudirlo porque soy de los que no solo cree que hay que experimentar cosas nuevas, sino que intento incentivarlas e incluirlas. Mientras tanto, pueden haber análisis y planteamiento filosóficos, pero como digo a veces, “bajen el puño un poco que se van a acalambrar”.

Pero hay algo más importante aquí y es que se trata de Rock. Este, por más que nació en EEUU, no es un lenguaje musical folclórico. A nadie, ni siquiera los estadounidenses, se le ocurriría decir que el Rock es algo propio de EEUU y que el resto del mundo está haciendo música estadounidense. Sí puede tener influencias del folclore de ellos, como cuando se usa Blues con bastante pureza u otros géneros. Pero decir que el Rock es algo estadounidense…no, de ninguna manera. Y no lo digo de forma burda, como si dijera “EL ROCK ES DE TODOS!!!”. Lo digo porque apenas nació, ya era parte de todos, porque rápidamente empezó a circular en el mundo, porque ya existía la industria musical y la globalización. No dio el tiempo para que se lograra establecer como algo totalmente propio de EEUU. Sí como algo que nació ahí, pero no como algo que es puramente de ellos. Y es porque los que lo crearon no lo hicieron para eso. No se trataba de una reivindicación cultural, sino de la juventud. El Rock SIEMPRE ha sido la música de la juventud. Nació para eso, siempre ha sido para eso y lo será por siempre.  El Rock nació para que los jóvenes se identificaran y punto. Es la música de la transgresión y del cuestionamiento, en momentos hasta ingenuo, pero es eso. Entonces decir que alguien hace música “yanqui”, “imperialista” o el término que se lo ocurra para rebajar el trabajo de los músicos de Rock en Latinoamérica (porque he ahí otra cuestión: no existe el Rock uruguayo, sino el Rock hecho por uruguayos….porque agregarle una cuerda de tambores y mantener intacto prácticamente el resto y decir que es “uruguayo” es lo mismo que decir que Sting hace Rock africano por agregar un par de cantantes de Senegal y una percusión algún instrumento de Mali ) es un grave error porque sería criticar desconociendo el verdadero significado de esta música.

Entonces, uniendo ambas cosas, diría que sí, está bien plantearse esos cuestionamientos, buscar cual es la identidad de uno y entender de dónde provienen las cosas. Pero a su vez hay que saber que es parte de lo que somos todos y que tampoco se puede estar haciendo ese análisis/crítica a todo, menos con ese posicionamiento tan autoritario, menos a algo que no nace de ahí. No hay que ser un crítico arrogante  y totalitarista, pero tampoco un despreocupado e ingenuo, porque al fin y al cabo, el erudito soberbio es tan iluso y sobre todo insoportable como el rockero que dice “ESTO ES ROCK!!!”.

Dicho todo esto, ¿qué podría decirse finalmente de Reyes Estallar? Yo diría que es una banda que hace Rock and Roll, del que todos conocemos, del que a todos les gusta, pero hecho acá, en Uruguay, con la mejor calidad que puede llegar a tener este género en su casi máxima pureza.

Son 2 guitarras, 2 voces y una batería….y no precisan más.



Y aquí lo más importante, que es el link para poder escuchar y descargar el disco: http://reyesestallar.bandcamp.com



HASTA LA PRÓXIMA!!!





martes, 29 de julio de 2014

King Buzzo - "This Machine Kills Artists"

Luego de un tiempo ausente, vuelvo a escribir en este blog.

Roger Osborne, mejor conocido como Buzz Osborne y posteriormente mejor conocido como King Buzzo, es, a mi consideración, quien ha logrado una nueva cara al formato cantautor solista.

Como muchos saben, Osborne ha sido líder de la famosa banda Melvins por más de 3 décadas, banda reconocida como la fundadora del género Sludge Metal, un subgénero del Doom Metal, caracterizado por tonos graves, timbres super distorsionados, tempos más lentos, aunque a veces contrastantes, y la incorporación de elementos del Hardcore Punk y Noise Rock.

En el caso particular de Melvins, más allá de la agresividad, más allá de sus oscuras letras, la música se trata del sonido, del timbre. Aunque nos encontramos con una variedad de riffs, ritmos, melodías, etc, la música se centra más en el sonido que desea plasmar. Algunos temas como “June Bug"  del disco “Stoner Witch” contienen varias secciones. Pero por lo general, cada tema presenta  una sola dimensión, llegando a puntos en los que el disco en su enteridad es un todo totalmente homogéneo, como el caso del clásico “Lysol”. Es que por lo general, los riffs de cada disco de la banda rondan por los mismos lugares, transformando cada canción en una parte de un todo y no una entidad solitaria. En el caso de “Lysol”, claramente hay una continuidad en la que cada tema es una versión reducida del todo, como si al escuchar el disco entero nos encontráramos con una versión expandida de las partes.

Buzz Osborne comenta, a propósito de su estética en la guitarra eléctrica, que no le interesan los solos de guitarra, ni el virtuosismo, sino el timbre. Sus riffs tienen su propia identidad, pero al escuchar los que ha creado en el correr del tiempo, uno se da cuenta que su guitarra no tiene varias caras, sino que es una y muy extensa. Jimmy Page es de esos guitarristas que logra varias caras con su instrumento y es lo multifacético lo que distingue su guitarra. En el caso de Osborne, se trata del constante trabajo sobre ese sonido. No toma la actitud romántica de estar en constante búsqueda de esa “gran obra”, ni de intentar dejar atónito a nadie con virtuosismo. Su trabajo es más íntimo, el constante agregado a su creación, buscando como seguir expandiendo los horizontes de su sonido guitarrístico que sin duda son totalmente maleables, pues, después de 30 años, sigue incorporando nuevos elementos.  A mi parecer, creo que esta es de las posturas más respetables y valiosas en la música, la constante búsqueda de nuevos materiales sonoros y trabajar a fondo con los encontrados, sin nunca zambullirse en la búsqueda por el reconocimiento; una búsqueda artística por el arte mismo y no por otra cosa; el arte como fin y no como medio.

En este primer disco como solista lanzado a principios de este año 2014, titulado “This Machine Kills Artists” en honor a la célebre frase “This machine kills fascists” que se encontraba endosada en la guitarra de Woody Guthrie, Buzz Osborne nos trae una nueva búsqueda.

Aún nos encontramos con los riffs clásicos de él, sin duda con mucho más desarrollo o más bien claridad, movimiento y longitud. Esto sin duda se debe a la incapacidad de la guitarra acústica de producir esas masas sonoras que se pueden lograr con la eléctrica y una buena sobrecarga de distorsión. Sin embargo, debido a la afinación más grave de la guitarra y la agresividad, la pesadez no se pierde. Entonces, aunque el resultado no es el mismo definitivamente, la idea desde donde se parte es la misma. Hay una clara búsqueda tímbrica, y aquí es la guitarra acústica de cuerdas de acero. Claro, no es el 1ero ni el último que tomará una guitarra de estas y cantará sus canciones en forma solista. Pero la cosa es que él se lo plantea de esta forma sin lugar a dudas. El hecho de elegir una afinación más grave, tocar de manera fuerte y  punzante, y así evidenciar no solo esta afinación, sino el que las cuerdas estén menos tensionadas y así producir sonidos que otros considerarían indeseados, demuestra que hay algo premeditado, que el resultado sonoro, el resultado tímbrico, es el buscado, y que al final de cuentas, el disco se trata de eso: del sonido de la guitarra acústica jugando en el terreno del Doom Metal.

Obviamente que por el clásico uso de la escala pentatónica en este género, y en este caso combinado al sonido de la guitarra acústica, es inevitable que en ciertos momentos la música nos remita al blues-folk crudo denominado Americana. Sin embargo, esto es en momentos y siempre queda en claro que la música juega en el terreno de rock pesado.

A su vez, el concepto que Osborne aplica en sus trabajos de Melvins, lo anteriormente nombrado, el tomar el disco como una sola unidad, es aplicado aquí. Hay varios temas, hay varios riffs (tal vez más variados que los que se puede encontrar en un disco de su banda), pero todos rondan por el mismo paisaje, incluso tonalidades. Esto hace que el disco, por más que tenga varias partes, es una pieza homogénea. No se trata de escuchar buenos temas, sino un buen disco.
 
Gracias a estas cosas, nos encontramos con un disco sumamente original. Sin duda hay un concepto tímbrico detrás de todo esto. Conociendo el vasto y variado repertorio de su banda Melvins, la elección de un disco con un sonido homogéneo, un disco que se encuentra siempre en el mismo territorio, no es por limitaciones, sino por elección. Esto es lo más importante en la música: que el fin obtenido sea el buscado. Luego de eso, no existe ni el bien ni el mal, no hay mejor ni peor música. Lo importante es que el resultado es el deseado y no se trate de mera casualidad o limitaciones. Y creo que el resultado es obvio: un disco, una sola pieza, de música pesada tocada en formato solista acústico. O sea, nos encontramos con un cantautor acústico y pesado.

Y es esto último lo que hace que este disco sea algo bastante único dentro del casi eterno catálogo de cantautores acústicos en la historia. Por alguna razón, una gran parte de los artistas de esta índole llevan su música a un lugar más tranquilo y pasivo. En muchos casos nos podemos encontrar con algo un poco más sucio y rebelde. Pero prácticamente nadie (aunque en mi caso, nunca he escuchado a nadie) ha tomado este rol de una forma pesada; hacer Metal con tan solo una voz y una guitarra acústica, muchísimo menos hacer Doom Metal de esta forma. Lo que tenemos acá es un disco de metal acústico. Así de simple. Si hubiera que ser más específico, de Sludge Metal acústico, pero bueno, se entiende.

Es inevitable que el Rock y la música popular que ronda en sus cercanías de alguna forma ahora tenga una evolución más lenta, pues, al haber aparecido a mediados de los ’50, contaba con siglos de aportes de otros lenguajes musicales y por ende, tenía todo un ropero de herramientas para lograr cambios en muy poco tiempo. El Rock evolucionó rápidamente por la incorporación de elementos de otros lenguajes, combinándolo con el avance de la tecnología. Hoy en día, cuenta con la tecnología más que nada y por eso ese supuesto “detenimiento”. Sin embargo, uno ve la música hace 15 años y se pueden notar cambios. Claro, no son tan pronunciados como los que hubo del ’65 al ’75 o del ’75 al ’85, pero siempre sucede así en la música: evoluciones inversamente proporcionales. Bueno, es que en realidad, en la historia de la música, las evoluciones han sido más prolongadas. El alto avance es algo propio del siglo XX, pero no de la música en sí.

Entonces, a todo esto, este disco representa esos lentos avances, pero aún así avances. Es un género musical ya conocido pero presentado en otros medios y así, se logra una combinación diferente. Novedosa, no al punto de un nueva revelación o género, pero sí novedosa. Es un granito más que nos aleja del pasado y nos acerca al futuro.

Queda en claro que este disco será de los mejores de este año, al menos así lo será para este blog.





Aquí comparto con ustedes el disco entero para que lo puedan disfrutar:

Además, un pequeño concierto que dio en KEXP, porque King Buzzo es de esos artistas que es mejor verlos en vivo que escucharlos en un disco:




HASTA LA PRÓXIMA!!!!


martes, 18 de marzo de 2014

Tráfico - "Tráfico"

Nuevamente ausente por varias semanas debido a complicaciones, vuelvo para presentar la primera reseña de una banda uruguaya de este año.

Lo que presento hoy es Tráfico, una banda muy reciente conformada por Gustavo Antuña (guitarra eléctrica, clásica), Bruno Boselli (guitarra eléctrica, acordeón, sanxian), Nandy Cabrera (órgano, electrónica de varios tipos, melódica), Ignacio Gutiérrez (piano, teclados), Diego Macadar (voz, saxo), Gastón Otero (contrabajo, bajo eléctrico) y Martín Ariosa (batería).

Al leer estos nombres, podemos notar que se trata de un estilo de “super banda” (tomando la clásica definición), ya que se trata de un numeroso grupo constituido por integrantes de otras conocidas bandas uruguayas, siendo estas Buenos Muchachos, Assimo, Platano Macho, Selectorchico, entre otras.  Aunque todas conocidas a mayor o menor nivel, hay una que sin duda se despega y es Buenos Muchachos, ya que en los últimos años se ha vuelto de las más populares de Uruguay (diría que por suerte y al fin). Esto obviamente es un enorme beneficio para esta banda ya que desde un principio cuentan con una atracción y difusión más grande de la que tendría cualquier otra banda que recién empieza, y tratándose de una banda de gran calidad (pues esta página no es de crítica, sino recomendaciones), es una suerte para todos.

La música de Tráfico es rock, empecemos por ahí. Los integrantes, como artistas de este género, van a traer una valija de sus trabajos previos relacionados a este lenguaje musical. Por ende, hay mucho de rock alternativo, indie rock y post-punk por sobre todo. Y gracias a esto, contamos a priori con una energía que transmite intensidad, incluso en el tema más tranquilo. No intensidad sonora, o sea, un volumen alto y sobrecarga de electricidad y capas sonoras, sino más bien algo sentimental, que obviamente es subjetivo pero es transmitido por la actitud y puesta artística de estos músicos.

Sin embargo, esto es solo una base, de donde parte la música, tal vez a un nivel más bien inconsciente, de esencia de los músicos mismos más que de la música misma. Y esto es porque Tráfico no es una banda de post-punk ni la definición más pura de rock, ni siquiera de aquellas un poquito más alejadas. La música de esta banda es un centenar de mezclas que logran un sonido bastante particular pero familiar.

Ya a leer la integración de la banda nos aleja un poco: saxofón (que aunque es un instrumento que ya ha sido muy utilizado en el rock, su asociación tan fuerte con el jazz siempre le da un toque especial, simplemente con estar presente más allá de lo que de verdad hace), acordeón, electrónica (que va desde el uso de materiales sintéticos a grabaciones de paisajes sonoros que en muchísimos momentos no tienen ninguna modificación más que cierta ecualización).

Hay una gran incorporación de jazz. No desde el punto de vista melódico y armónico, sino más bien ambiental. Toman ciertos aspectos del carácter del jazz para colorear de otra forma la música. No es el jazz que parte del bebop, sino uno más bien del dixieland o tal vez el jazz más cercano al blues, aquel asociado a la música de cabaret, dándole un toque oscuro y citadino.

Si a la idea de jazz le incorporamos la experimentación que adorna la música y a su vez el gran intento de evocar un ambiente citadino, sin duda podríamos notar influencias de Miles Davis, aquel que empieza a nacer con “On the Corner” con una mentalidad más cercana a la juventud y la ciudad que logró su auge (en este aspecto) con “Doo-Bop”. A su vez, no podemos dejar de lado la influencia que parecería ser la más evidente, Tom Waits. Este es bien conocido por su blues-jazz de cabaret de discos como “Blue Valentine” o “Heart of Saturday Night”, pero también por su increíble rock experimental de discos como “Rain Dogs”. La música de Waits contiene gran parte de lo que es Tráfico, tanto musicalmente como en la actitud y letras.

Nick Cave y Lou Reed  sin duda están presentes en esto. Como dije, hay una base de rock que nace del post-punk, un género en el cual Nick Cave es un gran referente y Reed una enorme influencia. Ambos están relacionados con lo que es el rock experimental. Pero Tráfico tiene una gran cara en la poesía, con letras que van de una especie de relato a descripciones, siempre con un enfoque metafórico que hace que lo relatado o descripto pase a una especie de simbolismo. Esto es algo que siempre está presente en Cave y Reed, y bueno, Tom Waits también. Con esto último no me refiero a que debido a estas influencias se haya adoptado esta idea, sino que por el uso de la misma, es posible la asociación. Y creo que tratándose de 3 enormes de la música, es algo meritorio.

Otras influencias un poco menos notorias pero que aun así están claramente presentes son el tango, del cual Astor Piazzolla es sin duda la principal influencia, el trip-hop de bandas como Portishead y Massive Attack, y finalmente la música electroacústica, sobre todo la concreta.

Pero algo que no se menciona en ningún lado es The Doors. Hay mucho de blues en la banda, que mezclado con el aire de jazz más el rock desenfrenante  que mencionaba, sin duda se genera una enorme reminiscencia a esta gran banda de los ’60 y comienzos de los ‘70.

Algo importante es el saxo, en mi opinión. No es algo nuevo en el rock y ha habido varios usos. Pero es siempre algo que sin duda lo aproxima al jazz. The Stooges incorporaron el saxo en su 2do álbum “Fun House” y es incuestionable la influencia del jazz. Sin embargo, en Tráfico el uso del saxo recuerda más a su banda tocaya inglesa, Traffic, y Van Der Graaf Generator, donde el saxo hacía melodías carecientes de virtuosismo donde no importaba tanto el movimiento melódico, sino el terreno donde se movía. Aquí parece suceder algo similar. Tal vez Macadar no es un gran saxofonista desde un punto de vista técnico (o al menos no parece serlo con lo que presenta en esta banda), pero tiene una clara idea de que debe tocar para no solo acoplarse a lo que se intenta generar, sino para enriquecer y darle ese toque especial que tiene la banda. Es que al escucharlos, uno pronto se da cuenta que no se tratan de canciones, sino de paisajes sonoros que adoptan el formato de canción para transcurrir en el tiempo.

A su vez, la voz de Macadar, en un registro medio-grave, con un timbre un poco desgastado, le da ese toque callejero de una vida en penas, un toque más sombrío y echado al abandono que acopla perfectamente con el ambiente que genera la música.

En realidad, esta idea aparece en toda la banda, pues de eso se trata. De todas formas, hay 2 casos en especial que me gustaría nombrar.

Nandy Cabrera está constantemente jugando con su arsenal electrónico. En momentos algo melódico, en otros acordes, en una gran mayoría sonidos electroacústicos sintéticos con un rol de efectos acusmáticos, rol que en muchos momentos es tomado por grabaciones de paisajes sonoros que en su mayoría tienen poco trabajo más que filtrados o relleno de ruido (aunque, según la visión de los especialistas en paisajes sonoros, la selección de la grabación, tanto por una toma más pequeña del total de la misma así como la elección del tiempo y momento donde se graba ya lo transforma en un trabajo musical y no una documentación).

Los aportes de Antuña en la guitarra también muestran este enfoque. Tal vez es el que carga con un mayor peso, pues es una de las 3 figuras clave de Buenos Muchachos y por ende, desarraigarse de su trabajo previo es muy difícil. A su vez, sigue siendo el mismo guitarrista, por lo cual hay ciertas cosas que las usa en ambas bandas. Sin embargo, es interesante como ha logrado que obtengan un significado totalmente diferente. Por ejemplo, en Buenos Muchachos, su aporte monódico está vinculado a lo melódico o un solo de guitarra. Aquí son riffs que debido a una repetición en forma de loop en muchos casos, pierde su esencia y se transforma en un contorno musical fraccionado en el tiempo. Lo más interesante es el uso de la masa sonora y el ruido. En Buenos Muchachos, estas toman una forma de acumulación de lo que viene sucediendo previamente; un solo de guitarra cuya resonancia perdura en el tiempo y se va mezclando y sumando hasta llegara  una enorme bola sonora, o sea, una versión compacta de lo que había sucedido. Aquí es algo que aparece como un ente aparte. No es una acumulación, no es producto de una suma de acontecimientos. Es una masa sonora que existe por sí misma, nunca fue otra cosa. Esto hace que sus apariciones sean repentinas y no como resultado de un proceso. El ruido y la masa son análogos a una nota musical con un espectro mucho mayor, y gracias a la propuesta musical, adopta el rol de efecto sonoro como lo son varios de los aportes de Cabrera.

Esta banda formada en el 2009 lanzó su debut discográfico, producido por Gabriel Casacuberta (integrante de Bajofondo) a finales del año 2013 bajo el título “Tráfico”.

Como se trata del debut de la banda, pasaré a hablar de las canciones directamente ya que hablar de la banda en general es en gran parte hablar del álbum en sí.

“...Y las lucecitas” es el tema que abre el álbum. Ya desde el primer momento nos transportamos a un paisaje citadino del más oscuro y vulgar llevado por un tiempo lento que recuerda a una balada de jazz. Lo interesante es que el tema consta de 2 acordes menores que se repiten una y otra vez a lo largo de la canción, siendo la evidencia del transcurso del tiempo la constante variación y suma de instrumentos: líneas melódicas de las guitarras, los diferentes detalles de los teclados e instrumentos electrónicos, y la evidente suma de tensión que va llegando a su auge a través de un penetrante solo de saxo que culmina con la banda tocando con una gran intensidad. Algo interesante es el contrabajo, que pareciese ser el único instrumento que siempre se mantiene en el mismo territorio, por lo cual, junto a la armonía minimalista, logra ese estado cuasi-estático.

“Chinatown” vendría a ser el hit del álbum. Con un sonido de órgano Hammond, la canción recuerda mucho a The Doors en el disco “Waiting for the Sun”. Tiene un aire muy lúdico y surrealista, creando un paisaje un poco tenebroso pero cómico a la vez. Vale destacar que las participaciones solistas de los instrumentos son siempre la misma melodía para todos, lo cual transforma el clásico solo en una reaparición constante de lo que podría ser un segundo motivo principal (siendo el primero el que aparece entre verso y verso de la letra).

“La Maga” nos trae el primer tema rockero del disco. Aquí no encontramos ningún rastro de esas influencias más jazzeras de la banda. Se trata de un tema tranquilo con aire de balada de rock alternativo que gracias al instrumental, como guitarras acústicas y piano y melodías bastante amigables, puede acordar al indie rock de bandas como Belle & Sebastian.

En “Timba”, es el acordeón quien sin duda lleva el volante musical. Esto ayuda mucho a crear el ambiente un poco veneciano con un ritmo muy bailable. Sin embargo, aunque muy pintoresco suene esto, el tema es bastante misterioso, como si fuera una canción para una película de detectives a lo Dick Tracy.

“Verano en Arachania” seguramente sea el mejor tema del disco. Instrumentalmente es muy diverso, encontrándonos con un sonido percusivo electrónico que trae el aire trip-hop de la banda, un sitar que evidencia las influencias de Miles Davis en su primera época eléctrica, y guitarras acústicas y teclados con pequeñas acotaciones. Algo interesante es la ruptura que se encuentra por la mitad de la canción, con un carácter más agresivo, totalmente opuesto a lo que venía sucediendo previamente. Creo que de todos los temas, este es el que mejor expresa ese deseo paisajístico y ambiental.

“Tren a Rotterdam” no es nada del otro mundo. Es una canción de rock un poco melancólica compuesta con una progresión de acordes bastante típica. Es una muy buena canción que puede no llamar mucho la atención, pero sí ser disfrutable. Lo interesante es que dentro de esto tan habitual, se encuentran grabaciones de paisajes sonoros que pueden darle un aspecto bastante peculiar, como sonidos de aviones.

“See all the blue” empieza como una triste, oscura y misteriosa balada de blues, con apenas un teclado marcando los acordes, una voz susurrando las letras y sonidos que parecerían ser de ruido filtrado creando esta caricia a la muerte. Aunque este principio no es tan rico como el tema anterior, sin duda es el paisaje más intenso del disco. Ya por la mitad de la canción, el piano empieza a hacer una armonía más cambiante para introducirnos de a poco a lo que luego será un jazz-blues al mejor estilo de Chicago, con la banda completa acompañada por vientos de metal, estos últimos siendo los protagonistas tímbricos.

“Hang out” es la más rockera del disco. Con una duración de casi 2 minutos, empieza como un rock deforme y surrealista con mucha energía. Pero esto, llegado al estribillo, se transforma en un rock and roll algo punk, dándole un toque de humor con tal cambio repentino.

“Selima” es el primer tema donde participa Pedro Dalton, cantante de Buenos Muchachos. Y como es de esperarse, la poesía reina en la canción, algo evidenciado en el inicio. El tema nos acerca al lado más post-punk de la banda, algo que obviamente puede recordar a Buenos Muchachos. Es un tema con muy intenso, con un ritmo de galope guiado por una guitarra acústica mientras que Dalton anuncia la cabalgata con un potente canto en el registro medio-agudo. Contiene una sección más pasiva en la mitad, pero pronto vuelve a la sección del principio con mayor energía, donde la voz de Dalton llega al grito y el saxo chilla de dolor.

“Miro al viento” es la segunda participación de Dalton. Por su carácter melancólico y contemplativo y el hecho de que este se mantiene homogéneo durante toda la canción, hace que esta canción sea de las que mejor enmarca un paisaje determinado, aunque sin duda no llega al imaginario de las demás, seguramente por tratarse de una balada bluesera y por ende algo que no es muy ajeno al oído. Obviamente que debido a esto, la canción invita a transportamos a una nocturna calle venida a menos. El instrumental reducido para lograrlo es esencial, siendo este un piano, la voz y un saxo, añadiéndose algunos sonidos electracústicos cercanos al final.

El tema que cierra el disco, “Nadie vio”, es el más largo de todos, cercano a los 8 minutos, y es algo que incita a crear algo más elaborado. La canción se divide en 3 secciones. Empieza con un dúo de piano y voz en un ambiente trasnochador penoso musicalizado con una balada de blues-jazz que suplica la liberación del dolor. Esto es luego transformado en un rock al estilo de The Doors (sobre todo por la línea secuencial minimalista del bajo y los acordes jazzeros del piano) que se desenfrena con una guitarra y efectos electrónicos ruidosos y chillantes, acercándolo a un noise rock muy original. Pero repentinamente, todo esto se corta como si cambiaran de cinta y aparece un piano haciendo un repetitivo y simple cambio de acorde que, gracias al trino y la gentileza, nos da el inicio de una armoniosa y cristalina sección, a la cual de a poco se van sumando los demás instrumentos para ir paulatinamente cargando el tema hasta estallar en el final; la liberación espiritual de toda la tristeza y soledad que nos había invadido previamente, un rayo de luz.

Creo que queda bien claro que más allá de que no es una música que nos pueda sorprender mucho y sonar ajena, pues son territorios que han sido explorados por varios artistas, la propuesta de Tráfico se aparta mucho de las de las demás bandas del Uruguay. En momentos más, en momentos menos, pero el trabajo total afirma que lo que se escucha aquí no se podrá escuchar en otra banda uruguaya.

Además, mientras que la base de las cancones hace uso de lenguajes musicales muy establecidos, la forma en que están adornados y arreglados, sea por los diversos timbres que podemos encontrar como la forma en que participan varios de los instrumentos, nos crean un entorno bastante original. Y de eso se trata la banda: paisajes sonoros. Hay letra, hay un desarrollo, pero creo que estos pretenden ser más bien medios y no el fin.

Bandas que la han luchado durante años, como The Supersónicos, Buenos Muchachos y La Hermana Menor, otras cuyo camino recién está empezando y aunque se encuentran en el medio under, su energía y potencia demuestran que no podrán ser frenados (como las que he escrito en otras ocasiones), y ahora Tráfico, están logrando cambiar la escena musical uruguaya, trayéndonos algo más rico, profundo, genuino y honesto.




 Como siempre, dejo algunos links para escuchar algunos de sus temas:



También dejo para que vean el videoclip de "Chinatown": https://www.youtube.com/watch?v=bNYVQAjh0Ko


Y finalmente el Facebook de la banda, que como siempre, si se lee Hobo Blues, es un "Me gusta" a la página de la banda: https://www.facebook.com/trafico.com.uy





HASTA LA PRÓXIMA!!!!