viernes, 27 de marzo de 2015

Pan del Indio - "Pichón"

La segunda mitad del split “Pichón” nos lleva a una música dónde el ritual y el paisaje son evidenciados de manera más explícita. No solo por las formas de las composiciones, sino por los lenguajes e instrumentos utilizados.

Federico Fossati, la persona detrás del proyecto Pan del Indio, es uno de esos artistas que buscan en la música una experiencia. Hay músicas que se viven durante la duración del disco o canción, y para estar con ellas, hay que escucharlas, porque la intensidad es algo del momento. Otras son para procesar. Uno las escucha y tiene que estar un tiempo meditándolas, pensándolas. Es como una especie de filosofar, porque su esencia no está en la superficie musical. Hay que escucharlas, procesarlas, darles un tiempo y volver a ellas con otra cabeza. Son músicas claras. No hace falta escuchar mil veces, como algunas canciones, para sacarles el jugo sonoro. No son músicas del momento, del presente, sino del transcurso del tiempo. La escucha es simplemente un inicio, es la experiencia. Es todo lo que sigue lo importante: la vivencia. Y esto es lo que sucede en gran parte de la música de Pan del Indio.

Hay una mezcla de folclores de varias partes del mundo. Algunos más evidentes, otros menos. Sin duda lo latinoamericano y lo oriental (por sobre todo) es lo más notorio. Sin embargo, la clara inclusión de lenguajes occidentales relacionados a la experimentación con los timbres y la improvisación libre, hace que se transforme en una música bastante indefinible.

Música étnica le quedaría corto, además de que es una etiqueta asquerosa, como world music, dónde se embolsa absolutamente todo lo que no sea de origen occidental. Mejor dicho, de origen anglosajón. Experimental tampoco, porque no es un género, sino más bien una actitud: la búsqueda de nuevas formas de concebir la música, transgredir las tradiciones, “avanzar”.  Como género es otra asquerosidad. Es básicamente encasillar lo que no se conoce ni gusta ni se intenta entender, porque en experimental entra Frank Zappa y Sonic Youth, y poco y nada tienen que ver.

El uso extensivo de una diversidad de instrumentos ayuda a que la música de este proyecto pierda un origen de procedencia. Desde instrumentos de cuerda, vientos y percusión de diferentes culturas, la textura musical de este artista cobra diferentes relieves en cada improvisación.

De alguna forma se lo puede asociar, por su forma de concebir la música, al alemán Stephan Micus, quien también utiliza una variedad de instrumentos de diferentes partes del mundo. Sin embargo, la música de este es super occidentalizada. Por más que utilice instrumentos de diferentes partes del mundo, su utilización de afinaciones temperadas (la forma de afinar según la tradición post-barroca occidental) y formas y melodías de carácter occidental hacen que su música suene más cercana, menos arriesgada, más amigable. Tendrá instrumentos de muchas partes del mundo, pero el resultado es claramente de procedencia occidental.

Pan del Indio escapa de todo esto. Sin duda es una música que a una gran mayoría les resulte lejana. En casos en los que las afinaciones no-occidentales son más evidencias y la experimentación entra como elemento clave, se vuelve poco amigable, sobre todo cuando entra el uso de la electrónica y la edición (lo cual lo asocia mucho a artistas como Terry Riley y Pauline Oliveros).  También la falta de armonía en preferencia de una nota pedal, o  incluso la falta de ambas, y la carencia de melodías reconocibles con un contorno impredecible que no tiene ni desarrollo ni conclusión clara. Pero todo esto es lo que ayuda a tener una experiencia musical más original y única. Se trata de la textura, el sonido y el clima más que de otra cosa. Es una música que juega con otras magnitudes que no son el tiempo (o al menos no el de corto plazo, o precisamente de la duración de la música). Esto es lo que lo hace escapar de las concepciones tradiciones musicales occidentales (en gran parte, porque aún así hay elementos reconocibles.)

No es que se trate de algo de otro mundo, algo totalmente original. No es ni el primero ni el último artista no-oriental que haga esto. Es más, al parecer hay una camada de artistas argentinos con un acercamiento a la música dónde todo esto es utilizado. Artistas como Golondrina Alfa y el colectivo Ø+yn, que serán incluidos en las próximas reseñas de Hobo Blues, también incorporan una enorme variedad de instrumentos, músicas basadas en la improvisación y en la búsqueda de nuevas formas musicales.

“Pichón” es su 3er-4to lanzamiento. 4to porque previamente (14 días antes) lanzó un split con Paw Paw, otro artista argentino pero de otra gama. 3ero porque en realidad “Pichón”, el split con Diente de Madera, incluye 3 de los 4 temas del anterior. Por ende, es lo mismo….3/4 lo mismo.

Cada improvisación grabada es muy diferente, sea por los instrumentos utilizados, por la forma en que es abordada, por los participantes (generalmente se tratan de improvisaciones en colaboración con otros artistas). Hay una estética en común, pero el terreno musical es muy vasto e indefinible. Se sabe cuál es, pero no hasta dónde va. Eso hace que estas 3 nuevas improvisaciones nos traigan algo nuevo y diferente a lo presentado en las anteriores realizaciones, teniendo en común la forma en que se aborda.

En este nos encontramos con improvisaciones más amenas al oído no acostumbrado, con solos claros y melodías identificables. Sin duda hay un acercamiento más claro a lo tonal y se deja un poco de lado la más experimentación. Esto siempre en comparación a los demás trabajos, obviamente. Partamos de la base que grabaciones de improvisaciones en paisajes estáticos utilizando diversos instrumentos nunca es “tradicional”, al menos no para nuestra cultura.

La primera improvisación, titulada “A Mohammad Reza Lotfi”, utiliza tambura , clarinete de bambu , n'vike (violín toba) y guitarra clásica. La siguiente, “Yarará”, utiliza n'vike y guitarra clásica. “Lucero”, la última, utiliza guitarra pasada por un generador de masas sonoras, melódica, glockenspiel y tambor.

Mientras que la primera es sumamente estática (no solo por estar siempre sobre la misma nota pedal, sino por carecer de tempo y pulsación perceptible), las otras dos son sumamente rítmicas.  De estas, “Lucero” es la más variante, transformando los ritmos y melodías constantemente, cambiando el paisaje sin parar. “Yarará” es un arpegio de guitarra que se repite una y otra vez, mientras que el n’vike hace una improvisación que parece llevarnos a ningún lado, siempre dando vueltas en el mismo lugar. Sin duda es la más minimalista y de esta forma logra algo más atrapante, un trance.

La música presentada por este artista no es novedosa, aunque sin duda tiene su toque personal.  Aún así, se trata de una música que en realidad nunca se ha incorporado en nuestra cultura, no de verdad. Entonces siempre que aparecen propuestas de este estilo, el desgaste no es algo que esté presente y siempre, de alguna forma, están transgrediendo. Es de esas estéticas que necesitan de más y más ejemplos, más insistencia, para que logren romper barreras.

Pan del Indio es otro de los artistas argentinos contemporáneos ocultos detrás de la sombra que no deja ver la música más valiosa del país vecino. Y con estos 3 temas, concluimos el hermoso split “Pichón”, disco de 2 artistas de enorme valor, de los cuales esperemos que haya más en el futuro.





Como siempre, dejamos los links necesarios:

Aquí el link a su Bandcamp, dónde encontrarán todo su material: http://pandel.bandcamp.com/

Aquí el link especificamente del split "Pichón": http://frentealfuegoediciones.bandcamp.com/releases

Y como han de imaginarse, la música de este artista tiene más sentido en vivo. Por ende, recomiendo ver este video: http://www.youtube.com/watch?v=39jJDanOyqQ



HASTA LA PRÓXIMA!

martes, 3 de marzo de 2015

Diente de Madera - "Pichón"

Siguiendo con los artistas del otro lado del río, hoy traemos uno que ha tenido una interesante búsqueda dentro de un género que a todos nos resulta muy familiar.

Diente de Madera, el proyecto solista de Jonah Schwartz, un estadounidense radicado en Argentina. Ya sin escuchar su música podemos guiarnos bastante por el nombre. De haber alguien con un diente de madera, sería alguien, para empezar, de poco dinero, con una vida más austera, más rústica, más salvaje. Tal vez no por elección propia, pero es la que le tocó. Este nombre es de esas excelentes decisiones, porque juega dentro de la estética que nos presenta este artista.

La música de Diente de Madera claramente parte del folclore estadounidense, lo derivado del blues. Para ser más específicos, nace de lo que se denomina Old Time music, el cual combinaba el blues y la música de danza con el folclore de los apalaches. Como el instrumento que escuchamos aquí es el banjo (lo cual ya le da un toque diferente a los proyectos de la índole de estas zonas latinoamericanas a los que estamos habituados a escuchar), esta influencia es aún más evidenciada, teniendo como referentes a otros cantautores del estilo cuyo instrumento era el banjo como Dock Boggs, Clarence Ashley, Buell Kazee y Bascom Lamar Lunsford.

Por este lado, la música de Diente de Madera puede sonar añeja, aunque, por tratarse de folclore, es música que trasciende el tiempo. Es inoxidable, como cualquier folclore en cualquier parte del mundo. Sin embargo falta un enorme detalle, aquel que hace que la música aquí tenga un giro diferente y original.

La 2da gran influencia es el minimalismo. Pero no la idea del uso de pocos materiales o cosas simples, sino la estética creada en los '60, la cual tenía como pilares a los compositores académicos La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y Philip Glass. En la música de ellos, la repetición era la base. Una repetición desenfrenada, dónde ya no entraba en juego el discurso musical tradicional, con armonías, diferentes líneas melódicas, sino el lento desarrollo, el juego con la percepción, los cambios mínimos, que con el transcurso del tiempo van causando un estilo de trance en el oyente dónde el tiempo deja de existir y es solo una mera prueba de la variación rítmica y tímbrica.

Dicho esto, hay que agregar que la repetición en Diente de Madera es algo esencial. Los riffs se repiten una y otra vez, siempre sobre una misma nota pedal. Por lo cual no hay acordes ni progresiones armónicas. Pero a esto se le agrega que el banjo está conectado a un pedal de delay, por lo cual, todo lo que toca es luego repetido a una distancia de menos de 1 segundo. La repetición de los riffs tocados velozmente, lo cuales son a su vez repetidos por el pedal de delay, hacen que estos dejen de tener el carácter clásico de riff y pasen a ser una especie de tela dónde no importa tanto cuándo sucede tal cosa, sino que suceda. Es como un mar de sonido, una especie de clima. Esto es muy interesante porque hace que una música que clásicamente tiene un carácter de canción pase a ser algo más ambiental, un estilo de paisaje que tiene pocos cambios. Es algo con mucho movimiento pero en realidad nunca se avanza, como si nos quedáramosquietos y todo lo que nos rodea se moviera. Eso es lo que se busca en el minimalismo y por eso es que el uso del delay en Diente de Madera no es algo efectista como lo suele ser. El resultado puede ser parecido, pero él lo busca como un concepto estético y no como algo que se deja ser por su simple idiosincrasia. Por ende, por ser algo que se acerca a algo más bien ambiental, podríamos decir que de los 4 pilares del minimalismo, los más claros aquí son La Monte Young y Terry Riley, sobre todo el 2do, ya que tuvo una etapa en dónde improvisaba líneas melódicas pasadas por delay mientras se escuchaba una nota pedal que daba el punto de apoyo.

Schwartz ya tenía un proyecto que partía del folk, llamado Springlizard, con el cual grabó 3 discos que se pueden escuchar aquí: https://springlizard.bandcamp.com/ 
Sin embargo, ahí lo interesante era el juego contrapuntístico entre las guitarras y las voces. Aquí, como comenté anteriormente, va por otro lado. Parece ser una estética mucho más premeditada.

Este EP es su primera grabación, el cual fue lanzado como un split junto a Pan del Indio (quién será el protagonista de la próxima reseña, ya que no solo hay que completar el disco, sino que es otro de los artistas de Argentina que Hobo Blues pretendía presentar). Fue lanzado a finales del 2014 como “Little Saddie EP” y luego como el split “Pichón” en Enero de este año 2015. Una edición super limitada en cassette del split es el único formato físico en el que se puede encontrar.

Como siempre, un EP es una corta duración, aunque muchas veces la ideal. Y puede tomarse como una especie de ensalada de todo lo que un artista hace o tener un concepto. Y por lo dicho anteriormente, es evidente cual de las 2 opciones eligió este artista.

Aunque ya el planteamiento estético descrito anteriormente marca enormemente el terreno, en este disco hay una homogeneidad indiscutible. Para empezar, todos los temas se encuentran en la misma tonalidad, o aproximadas. Todas en Re, con un pedal constante de esta nota. El delay siempre puesto con la misma respuesta, las voz siempre cantada dentro del mismo registro y con la misma actitud, todos los temas están mezclados y producidos con el mismo sonido. En sí, es como un largo mantra dividido en 4 partes. Decir que un tema gusta más que otro sería hasta un poco burdo, pues todos los temas rondan por el mismo lugar. Claramente es un todo. Hay que escucharlo de principio a fin. Si lo viéramos con ojos del minimalismo, sería como una única pieza y cada canción, cada parte, seria como la variación rítmica y tímbrica que va apareciendo de a poco. Es un paisaje musical que con el tiempo va cambiando, pero siempre es el mismo paisaje. Son simples reordenamientos de los materiales ya presentes.

Sin duda es un músico a destacar. Su producción nos trae una música folclórica muy conocida a la cual se le incorpora el uso de efectos también ya muy conocidos. Y es destacable esta unión, pues se logra un sonido sumamente particular. Pero es más destacable que esta unión no es por simple costumbre o gusto. No es que fuera alguien que está habituado a tocar folk estadounidense y a la vez le gusta algo que erroneamente siempre se asocia con la psicodelia. Esta unión es premeditada, la estética fue planeada. Parece estar todo calculado dentro de este ambiente rústico y etéreo.

Es que Diente de Madera nos trae lo mejor que puede ser un artista: salvaje, pero con inteligencia.




Como siempre, los links:

Aquí el Facebook de Diente de Madera para seguirlo: https://www.facebook.com/dientedemadera?fref=ts

Y aquí podrán escuchar su parte en el split "Pichón": https://dientedemadera.bandcamp.com/releases

A su vez, aquí tienen un video reciente de una de sus presentaciones en vivo: https://www.youtube.com/watch?v=5Outl4CxKxQ





HASTA LA PRÓXIMA!!!!!








jueves, 19 de febrero de 2015

Mariano Rodriguez - " Liberation Theology for Beginners"

Como sabemos, en la música siempre hay 2 mundos: el que nos quieren hacer conocer y el olvidado. Esto de alguna define la visión que puede tener alguien que no esté tan introducido en la cultura de un país o región. Desde un principio, este blog ha intentado mostrar el lado oscuro de la música uruguaya actual, la cual, en un momento, quién escribe también desconocía.
Ahora, ¿qué sucede en los países limítrofes? ¿Qué hay en Argentina? Hay muchas bandas que han llegado al estrellato. Pero a veces parecería que el mundo musical fuera limitado, al igual que sucede en Uruguay.
Pero retomando lo dicho en el principio, este sería uno de los mundos, el que nos quieren hacer conocer. Y de un tiempo a esta parte, este blog ha dejado en claro que ese mundo oculto, al cual solo llegan los que de verdad quieren, es tan rico (me atrevería a decir más) que aquel que está al alcance de cualquiera de nosotros. Es más diverso, sin duda. Pero más que nada, es el menos comprometido y a la vez el más comprometido. El menos porque en su gran mayoría, no le va a hacer caso a lo que “deberían” hacer según la industria. El más comprometido porque lo hacen por la música y más nada, porque no pueden esperar remuneración alguna de su arte, lamentablemente.
Entonces volviendo, ¿qué hay en Argentina? Hay muchas cosas desconocidas, o más bien, conocidas por pocos, los que decidieron llegar. Y por suerte, de gran nivel. Y este blog se ha tomado el tiempo de ir en busca de ellos, porque lamentablemente no van a venir a nosotros. Por suerte lo ha hecho, porque se ha topado con proyectos de enorme nivel, con búsquedas que van más allá de lo ordinario, que nos traen algo diferente a lo que entra dentro de la cultura rioplatense definida por los medios masivos.

En esta reseña (y en las que aparecerán próximamente) presentamos a uno de estos artistas argentinos, quien tuvo el agrado de traernos unos de los discos más interesantes salidos en el 2014: Mariano Rodriguez.

No hay mejor uso de la palabra “solista” que el que se le da a este artista, en todos los sentidos.

Para empezar, se trata de un guitarrista, en el mayor de los términos. Su música es instrumental, con la guitarra como volante que conduce, pues en la mayoría de los temas nos encontramos con este instrumento solista. Incluso cuándo es acompañado, sigue siendo el estelar. Pero es además guitarrista por su forma de encarar el instrumento. No es simplemente una persona que sabe tocar guitarra y decidió grabar algo. Es un guitarrista porque hay una clara búsqueda por un sonido particular, una forma de concebir la música a través del instrumento, una enorme rigurosidad en la técnica, un claro uso del contrapunto.

Su música parte del blues, de la rama del denominado “primitivismo americano”, un género más que nada instrumental con la guitarra como instrumento principal, iniciado por John Fahey y seguido por varios como Leo Kottke, Robbie Basho, Peter Lang, Max Ochs y Jack Rose. Esto ya marca bastante el terreno de su lenguaje guitarrístico, tanto para la armonía como para la forma de arreglar sus canciones, en las cuales los arpegios son el recurso más utilizado. Sin embargo, uno nota ya en una primera escucha que su estilo trasciende estas influencias. Por un lado, influencias de música clásica, siendo el principal referente (según él) el guitarrista y compositor paraguayo Agustín Barrios. También hay mucha experimentación en la guitarra de Mariano Rodriguez lo cual nos lleva a influencias como Derek Bailey y los últimos trabajos de John Fahey.

Pero hay algo interesante de la música de este artista y es que por más que su base musical sea el blues, de alguna forma uno se da cuenta que es latinoamericano, lo cual es raro. Nombra también a Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui como influencias. Eso ya podría darnos pistas. Pero tal vez va más en su acercamiento a esta música de origen anglosajón, ya que cuándo uno es de un país ajeno al estilo que se toca, y además se tiene un enorme desarrollo y consciencia sobre el trabajo de uno, es imposible no hacer de lo ajeno algo propio. Tal vez con lo siguiente puede haber alguna pista.
El 2do instrumento de Mariano Rodriguez es el estudio. Cuándo anteriormente decía solista en todos los sentidos es porque es él quien graba, edita, hace el arte de tapa...todo. A veces graba entre paredes de su casa, a veces al aire libre. Pero es él quien tiene control de todo el trabajo, desde la composición y la interpretación a la grabación y producción. Y dentro de esta producción se encuentra el usar el estudio como instrumento.

En todos sus discos podemos escuchar grabaciones de paisajes sonoros o discursos, tanto en “crudo” como manipulados con cambios de velocidad, tono y otras herramientas. Estas mismas son aplicadas a grabaciones de instrumentos. Entonces esto hace tengamos a un músico cuyo instrumento es la guitarra y a su vez la electrónica, tomando ambos un rol igualmente importante.

Estos paisajes y discursos grabados evidencian el territorio dónde Rodriguez habita. Estamos escuchando el paisaje sonoro con el que él se topa cada día. Lo de párrafos anteriores es una composición instrumental dónde los silencios juegan un rol importante, así como el que no importe a veces qué nota le sigue a tal sino la suma, o sea, en qué “territorio” se encuentran esas notas, como si fuera un paisaje: hay tales notas, tales ritmos, una nota pedal dónde se encuentra todo, y no importa el orden en cómo se presentan sino el hecho de que estén esos presentes y no otros. Los cantos de los pájaros, pasos de la gente, el viento son para los paisajes sonoros lo que las notas, los ritmos, la nota pedal son a las composiciones.

Entonces es esa mezcla entre los registros que evidencian el paisaje dónde Mariano Rodriguez vive (Bariloche, ubicado dentro de la región de la Patagonia, al sur de Argentina) y su acercamiento a la composición guitarrística, que parecería tomar elementos de esos paisajes que hacen que su música, por más que nazca en gran parte de una tradición anglosajona, lo que hace que su música suene latinoamericana.

La discografía de Rodriguez cuenta con unos 9 álbumes (incluyendo el que traemos hoy). Sin embargo, no es de esos artistas que trata cada disco que saca como “el nuevo gran disco”. No es un alguien que intente crear todo un nuevo concepto en cada proyecto y luego lo trate de esa forma romántica como su nueva gran obra. Es más bien un artista que tiene su territorio definido y cada disco es un aporte más a ello. Más que expandir su universo musical, se trata de entrarle en más detalle a ese paisaje sonoro que nos presenta desde su primer disco. Con cada escucha, podemos entender aún mejor lo que teníamos antes. Cada nuevo lanzamiento es una evidencia del trabajo del día a día, y se pueden apreciar más bien como registros de su viaje musical, solo para que no lo perdamos en el camino, solo para que le sigamos la pista.

Su último trabajo, “Liberation Theology for Beginners”, fue lanzado el 24 de Diciembre de 2014, el día de Navidad. Y no es casual. El disco se trata de un homenaje a esta festividad. El mismo Mariano Rodiguez comenta en el disco: ''Teología de la Liberación para principiantes'' es la materialización de un viejo anhelo, grabar un disco de navidad. Siempre quise hacer un Álbum Navideño pero nunca logre el consentimiento de mis compañeros de bandas y desde el 2008 que empecé a tocar como solista cuando llegaba a fin de año estaba ya sin ganas ni tiempo de grabar algo. Por lo general empezaba a grabar algo pero lo terminaba mezclando para las Pascuas de Resurrección, y las pascuas no son lo mismo que las navidades. Las pascuas son muy dramáticas, hay conspiración, intriga, entrega, torturas, sangre, muerte y resurrección; y sobre la muerte y la resurrección vengo haciendo un disco todos los años desde el 2009. Igual un buen disco de pascuas hecho en Bariloche no sería una mala idea, un álbum conceptual de pascuas Barilochense debería ser prensado, pero en vez de vinilo tendría que ser de chocolate. Volviendo a los Xmas Albums, los que crecimos en el Siglo XX sabemos la importancia que tuvieron estos productos en la cultura de masas realzando el espíritu navideño y ayudando a que el ejercicio de las compañías discográficas cerrase con balances positivos. ''Teología de la Liberación para principiantes'' un regalo de las navidades del pasado para todos ustedes”.

Es un disco relativamente corto, pero con la duración ideal. Son solo 6 temas que tocan varios lugares del terreno musical de Rodriguez, tanto en estilo musical como en concepción compositiva. Aunque toda su música es tranquila, tanto por el instrumental como por el punto de partida para la composición, este disco es particularmente tranquilo y pasivo, tal vez el más de todos. Es hasta el más paisajístico, tal vez aquel en el que más se resalta lo que hablábamos previamente.

El disco abre con “El turrón de Alicante y el clima subtropical”. La melodía que inicia el tema domina más de la mitad de la duración total, repitiéndose una y otra vez con variaciones de acompañamiento y de velocidad. Lo interesante es que en cada repetición siempre hay un nuevo detalle. Puede ser mínimo, pero siempre lo hay. Esa repetición cuasi infinita hace que lo que en un momento entraba dentro de algo dónde el tiempo importa, de a poco se vuelve atemporal para dejarnos en claro que se trata del lugar en dónde se está y no de como este nos lleva a otro ni como el mismo evoluciona. Esa melodía es sin duda la más pegadiza y mejor desarrollada que encontraremos en todo el trabajo de Rodriguez. Es un tema muy triunfal y hasta infantil que despoja enormemente sus influencias estadounidenses, acercándose a una guitarra de un estilo más clásico.

“Esta es la luz de Cristo” nos trae el primer registro sonoro. Parte de la idea de un disco de Navidad incluye la festividades religiosas de la época. Y este 2do tema nos trae un registro de una peregrinación pasando por una de las capillas de su trayecto. Lo que se escucha aquí es música, pero el desarrollo de este dilema lo dejaré para el penúltimo tema del disco dónde será más necesario hablar de ello. Luego de casi 1 minuto de esta grabación, volvemos a la guitarra de Mariano, quién nos presenta nuevamente un motivo que se repite una y otra vez, cada repetición con una nueva variación. En este caso, por tener arreglos un poco menos estipulados, cada vuelta puede parecer muy semejante (en una escucha más superficial) y sumamente diferente (en una escucha más atenta).

“La Fe del converso”, tocada en dobro, se encuentra constantemente en un pedal de re y es sin duda la más paisajística de todas las que contienen instrumento. Y esto es por cómo está construida. Si uno presta atención, se dará cuenta que hay un acorde predominante, en el cual Mariano se detiene por largo tiempo. Luego encontramos un 2do acorde que sirve como un eje entre repeticiones del anterior, y finalmente una serie de acordes disminuidos que funcionan como un conjunto. En fin, tendríamos 3 elementos. A su vez, no hay melodía en absoluto. Las miles de variaciones de cómo ordenar las notas de cada acorde en realidad son arpegiados que decoran la música, dándole a cada uno de esos acordes no solo una identidad en notas, sino también en gestos.
Pero hay un elemento más. En el dobro, luego del puente, hay una parte de las cuerdas que por tensión suena muy agudo y lejos de la afinación de la cual está el instrumento. Esto es utilizado como un 4to elemento en esta composición. Lo interesante es que por más que suena atonal y lejano a la pieza, Rodriguez utiliza los elementos rítmicos previos, ayudando a que haya una conexión entre este elemento y los anteriores, despojándolo enormemente de su carácter más atonal y dándole un sentido más rítmico que melódico.
El tema es un paisaje, sin duda. Cada acorde es estirado en el tiempo y arpegiado de distintas maneras, tal como lo harían los sonidos de un paisaje. Como dijimos, no importa el orden en qué aparecen, sino que aparezcan esos y no otros.

“Sendero Luminso” recuerda mucho a los discos menos new age del sello Windham Hill, acercándose a músicos como William Ackerman. En este tema, además de la guitarra, nos encontramos con diferentes flautas, unas que hacen melodías y adornos musicales y otras que emulan aves. El tema podría durar horas y horas, por encontrarse siempre en un mismo acorde y tener una melodía que gira en torno a una serie de notas con un trayecto nunca claro del todo. Es como si lo que escucháramos fuese más bien una selección de una grabación larga más que un tema que en verdad dura 3 minutos. Lo más destacable aquí es el trabajo de las flautas. Esa emulación de aves lleva a instrumentos lo que se intenta hacer con las grabaciones de paisajes. Es transportar esa idea a otros timbres. El fin es el mismo, pero los medios son otros, y por ende, el resultado es diferente.

Procesión a la ermita de la Virgen de las Nieves” es la más particular. Se trata de la grabación de una procesión que se hace todos los años en los Barrios del Alto (la zona más pobre de Bariloche) a la ermita de la Virgen de las Nieves. Cada capilla de la zona (unas 15-20 en total) recorre unos 12 km en una camioneta con un sistema de sonido mientras recitan, rezan y cantan canciones y textos de la iglesia relacionados a la festividad.
Mariano Rodriguez simplemente tomó un grabador, lo levantó en el aire y lo direccionaba hacia dónde le gustara. Siempre desde un punto fijo. Por ende, lo que escuchamos aquí es el ambiente dónde se encontraba el grabador en ese momento, que tiene como estelar a una de las capillas que pasaba recitando un texto en el momento. Como esta capilla se encontraba en movimiento, la grabación tiene una forma de fade in-fade out, una forma de puente constante. En ningún momento el volumen es estable. Sube desde muy bajo hasta un punto máximo y de ahí decrece.
Esto es música. La mayoría dirán que no, pero lo es. Es una composición musical. Tiene los timbres que lo conforman y lo hacen ser lo que es y no otra cosa (los pasos, voces de alrededor y la voz recitadora, que sería el instrumento principal), tiene una forma muy evidente (de arco), tiene su “letra”. Sí, es un registro, pero el tema es que aquí hay una forma, posición y lugar dónde grabar muy predeterminada. No es que simplemente quería registrar el hecho, sino que lo quería registrar de una manera muy específica. Además, no grabó cualquier momento, sino el que escuchamos. Otro momento ya no sería lo mismo. Estamos viendo una ventana de un cosa mucho más grande, y es esa elección, esa ventana, lo que lo hace composición. El decidir cuándo empieza y cuándo termina, dónde ubicar el micrófono para así resaltar lo que se desea (y a su vez para que se grabe cómo se desea), el ser consciente (y a la vez elector) de la forma que va a tener el registro, y finalmente el decidir qué grabar. Todo eso es composición musical. No hay diferencia alguna con las concepciones tradicionales de música. Sí, los sonidos y la sucesión de los mismos no son decididos por quién graba, pero sí es él quien decide que sean esos y no otros. Y bueno, sin ir más lejos, John Cage dio lugar a la música aleatoria, dónde las notas y sucesión de las mismas eran al azar, y lo único que elegía él (a veces) era el instrumental. A veces ni la forma, a veces absolutamente nada. Todo al azar. Aquí hay más decisiones de las que hay en muchísimas composiciones musicales, más que una gran mayoría de la música popular inclusive, porque a diferencia de muchos de esos casos, aquí no se tomaron ideas tradicionales ni establecidas. Todo (o más bien una enorme parte) es decisión de Mariano Rodriguez.

El último tema del disco, “El Cuervo y el Cardenal”, nos despide con una tonada que nos lleva al lado más folk-blues de este artista. Aunque sin duda tiene menos cosas analizables (en comparación a los anteriores), es un tema que complementa el disco de muy buena manera, finalizándolo con algo más tradicional, tanto en composición como en estilo musical. Un tema muy tranquilo que expresa de a su manera ese concepto de paisaje, o sea, lo que es ese paisaje para Mariano Rodriguez en una forma más abstracta y personal.

En apenas 25 minutos, este artista de Bariloche, Argentina, nos presenta un disco con un estilo musical muy cercano a todos nosotros, pero que al verlo con lupa, nos encontramos con varias cosas que pueden llamarnos la atención y transformar la escucha en algo diferente.

Se puede escuchar de la misma manera que cualquier otro disco, obviamente. Eso es lo interesante. Nos da la música y podemos escucharla como queramos. Él sabe que hay algo fuera de lo común en él, pero de manera sabia, no nos obliga a ir por ello. No lo precisa. Si se quiere escuchar como cualquier otro disco (lo cual no le quitaría nivel de disfrute), adelante. Pero hay algo más por ahí. No va a aparecerse por voluntad propia. Es como Mariano Rodriguez grabando esas procesiones navideñas. Hay que tener la actitud.











En este link podrán entrar a su página de Facebook para seguirle la pista: https://www.facebook.com/pages/-Mariano-Rodriguez-/169751086370371?fref=ts


Y como siempre, el link para escuchar el disco y por suerte, su discografía entera: https://marianorodriguez.bandcamp.com/album/liberation-theology-for-beginners




HASTA LA PRÓXIMA!!!!