lunes, 23 de noviembre de 2015

Portillo - "Portillo"

Luego de un tiempo, volvemos con las escrituras. Por suerte, de acá a fin de año habrá una escritura por semana. Y serán todas escrituras importantes. Hoy empezamos con una de ellas, tal vez la más importante del año y del blog en su historia.

A veces es difícil hablar de un objeto artístico, reconocerle su valor, intentando despojarse de los gustos de uno. Es muy difícil. Pero con un poco de conocimiento y cierto grado de objetividad, se logra, sin duda. Creo que es posible decir “bien, este disco no me gusta, pero es muy claro su potencial y valor”. Lo subjetivo y lo objetivo. Pero creo que es más difícil, sobre todo porque no se habla mucho de eso, ni siquiera los críticos, no sólo encontrarle el valor sino a la vez saber en dónde entra ese valor.
Si hablamos de Totem y Días de Blues, por ejemplo, ambos (en aquella época), tenían gran valor. Ahora, es claro que no entran dentro de la misma caja. Totem era de las primeras bandas en mezclar el rock emergente de los '70 con candombe y otros lenguajes autóctonos, o sea, una nueva propuesta musical (hasta cierto punto, obviamente). Días de Blues fue un gran power trío que traía un estilo muy popular del rock a nuestro país con un gran nivel, pero si lo vemos dentro de lo que era la musica en general, como una sola cosa, en realidad era un power trío más, no había nada nuevo. Seguramente cualquier extranjero preferiría, y seguramente con razón, saltar a Cream, por decir algún ejemplo, antes que Días de Blues. El valor de Días de Blues era más por el contexto geo-temporal más que por la música en sí. El valor que tiene es mucho mayor por haber sido de Uruguay y por ende mayor para nosotros, a diferencia de Totem cuya propuesta sí era algo más original y su valor sigue trascendiendo fronteras. Como instrumentistas y por ende el resultado, seguramente el de Días de Blues era más delicado y minucioso (obviamente que dentro del estilo), eran mejores con sus instrumentos (sin desmerecer la calidad de los de Totem, ya que es una comparación). Eso a la hora de plasmar ideas obviamente es una ventaja.
En fin, por un lado, es posible valorar algo por su calidad como objeto artístico más allá de los gustos y que a su vez es posible, y hasta necesario, diferenciar qué tipo de valor tienen estos objetos.

¿Qué sería, a mi consideración, lo más difícil de todo esto, sobre todo hoy en día? Lo más obvio: lograr algo de gran calidad, con buenos arreglos y buen trabajo de los instrumentos, con una clara y rica noción de cómo funcionan estos y que a su vez el producto sea genuino, original e innovador (en cierta medida o en toda medida). Y es aún más difícil si esa originalidad no solo se da a nivel de construcción sino también a nivel del uso de los instrumentos: usar estos de manera muy buena y que a su vez lo producido sea original. Ya solo 1 cosa es difícil, ni que hablar ambas.

Hace un tiempo apareció un solista que es de los poquitísimos casos en el Uruguay actual que logra reunir estos aspectos y ese es Jorge Portillo con su proyecto solista Portillo.

Portillo compone, toca guitarra y canta. Pero el es compositor. Esto marca no solo desde dónde parten sus composiciones, sino su acercamiento a los 2 instrumentos.

No tiene una gran técnica de guitarra en el sentido clásico. Es más, si un guitarrista con mayor formación lo viera, tal vez hasta lo tacharía. Usa solo 2 dedos, pulgar e índice. A veces aparece el mayor, pero no es lo más habitual. Incluso de aparecerse, ´por lo general la mano sigue trabajando como 2 apéndices y no 3. Sin embargo, esta tal vez limitación (digo tal vez porque motrizmente lo es, porque no es una elección sino más bien una condición), lo ha llevado a adoptar una técnica bastante particular. El uso de 2 dedos lo ha llevado a hacer composiciones a 2 voces, una guiada por el pulgar y la otra por el otro dedo. Esto hace que sus guitarras, en su gran mayoría, sean sumamente contrapuntísticas. Es más, aunque en lejos de eso, podría llegar a recordar a los fraseos de las composiciones para laúd (antecesor de la guitarra) del renacimiento, en las cuales esto sucedía. Sin embargo lo más interesante es cuando esta condición técnica es usada en cosas que en sí no están pensadas para solo 2 dedos (ya que lo anterior sí es para ello). En muchos momentos hace arpegios. Un guitarrista que usara ya 1 dedo más haría estos con los 3. Sin embargo, Portillo hace un arpegio tocando 2 cuerdas con 1 solo dedo y lo que se termina generando es una sonoridad bastante particular, porque el gesto está condicionado por esa tensión innatural. Son estas particularidades que hacen que la guitarra de Portillo tenga un estilo propio. Condicionado, sí, pero consciente y por ende termina siendo una decisión y así parte de su lenguaje.
Es que las guitarras de Portillo son muy gestuales. Un contrapunto bastante enredado y tenso, sumado a esos gestos diseñados para otros mecanismo pero hechos mediante uno más rudimentario, y a todo esto se le suman detalles más personales que escapan de la forma de tocar más clásica. Hay una clara búsqueda por sonidos y efectos que en otros casos podrían ser indeseados, errores. A la vez, efectos como el bending (estirar las cuerdas) o la percusión sobre la madera, que son técnicas más tradicionales, son usadas constantemente pero de una forma más extrema, sobre todo en el bending donde la nota se pierde para darle más lugar a la fluctuación de la misma y al efecto. Portillo no es un guitarrista en fin, sino un compositor de la guitarra. Lo usa como medio, lo construye. Y eso es valorable. No agarra el instrumento y lo usa como debe usarlo, sino que él decide, con las herramientas que tiene, como quiere que suene. Compone el sonido de su instrumento.

La voz es otro instrumento particular acá. Cantar “bien” (usando esa palabra dentro la concepción más tradicional del canto) siempre funciona. El tema es que dentro de este contexto, donde la búsqueda personal está llevada a gran nivel en cada aspecto, un cantar tradicional podría quedar opacado. Aunque es verdad que Portillo no es un gran cantante (a diferencia de guitarrista, porque por más que su técnica no sea la más pulcra, llega a unos resultados muy únicos y difíciles de reproducir), se las ha ingeniado para que su voz logre jugar en el mismo terreno y de muy buena manera. Gritos, sonidos con la boca, el canto en falsete (que es su mayor logro), son algunos de los métodos por los cuales logra consolidar un canto interesante que juegue con lo que rodea, lo cual no es menor, porque en una música donde ya hay un instrumento de sumo interés, el no solo no quedar opacado sino que poder llamar la atención, es un gran logro. Claro, de todo lo que encontramos aquí, tal vez pueda ser lo que más rechine, por algo inevitable: la voz es el sonido con el que todos nos sentimos más identificados. Puede ser el tema más amigable y ordinario del planeta, con todo lo que le puede a gustar a quién sea, pero si la voz tiene algo “diferente”, ahí ya entramos un debate. Pero acá lo importante es que es otro aspecto más que suma mucho a todo el riesgo (bien hecho) que toma este disco (razón principal por la que se encuentra en esta escritura).

Pero lo más interesante de Portillo es la parte compositiva. Sí, todo lo anteriormente mencionado forma parte de ello, pero a lo que me refiero es la estructura, el orden en que suceden las cosas y cómo. Algo claro es que esa búsqueda personal está en todos los aspectos de la música, y acá se de mediante la combinación de momentos más tonales y otros totalmente atonales, el gran uso del ruido y de los efectos tímbricos como eje en muchas partes. Los cambios de velocidad, las polirritmias entre los diferentes instrumentos. Es una gran carga de información. A todo esto, hay que sumarle el aspecto más interesante: los constantes cambios anímicos. Un solo tema puede tener varias secciones y estar saltando de una a otra y retornando a las mismas en tan solo segundos. Y lo llamativo (y seguramente más chocante al oyente) es que estos cambios son generalmente sumamente bruscos, lo cual se potencia porque en ellos hay también cambios de tempo y hasta de dinámica. El cambio de sección puede ser repentino, como si fuera un corte y pegue. Y como dije, se puede volver repentinamente a lo anterior. Esto, combinado con la constante búsqueda tímbrica, el juego entre lo tonal y atonal, el gran trabajo contrapuntístico entre los diferentes instrumentos, hace que el oyente se vea atacado de un flujo de información grande, lo cual necesita de una escucha muy atenta para que nada pase desapercibido. Y más que nada, genera una inestabilidad que se aleja mucho del discurso musical más tradicional, donde el pasaje del tiempo es un fluir más armonioso y conexo. Hay excepciones, no todos los temas son así. Algunos no tienen este aspecto y se concentran más en otras cosas, pero se puede decir que es una marca de Portillo.

Es que la música de Portillo es intensa. A veces agresiva y violenta, a veces gentil y calma, pero siempre intensa.

A raíz de todo esto, hay 2 cosas que me parece que son necesarias aclarar.

Para empezar, no dudo que varios podrían decir “se repite en como hace sus temas”, en cuanto al uso de estos aspectos, sobre todo en el orden, o sea, los cortes y eso de lo que hablaba en el párrafo anterior. Al escuchar el disco, uno va a notar enseguida que la homogeneidad es muy grande. Ningún tema es parecido a otro, aunque sigan una línea estilística. Y todo lo anterior no diría que es repetitivo. Aquel que lo diga (porque lo he escuchado) va a ser porque se trata de un aspecto que escapa de lo más tradicional y por ende es más llamativo. Ahora, podríamos decir lo mismo del discurso tradicional, decir que el hecho de que todo tenga un fluir más conexo sea repetirse. Creo que este aspecto de la música de Portillo es algo para valorar y mucho. Crea su propia forma de construir los temas y lo adopta como propio. Dentro de Portillo, el fluir conexo se trata de esa inconexión. Solo mediante el reuso de las cosas se logra establecer algo, se logra una evolución, sino son simples mutaciones.

Pero lo más importante es la definición que puede llegar a adoptar la música presente en este disco. Es obvio que la primer clasificación que saltaría es “experimental”, una clasificación que personalmente desprecio. “Experimental” siempre ha sido aquello que no entra dentro de los lenguajes más clásicos y que por su trabajo más complejo, que requiere de mayor tiempo de análisis (el cual la mayoría de los críticos y oyentes no tienen....ni teniéndolo lo usarían), y no ser tan fácil y rápido de clasificar como otros estilos más conocidos (y en muchos casos más fáciles de digerir), recae en una denominación totalmente ambigua. Porque Zappa era experimental, John Zorn es experimental, Velvet Underground era experimental, Lazaroff y compañía eran experimentales, los compositores académicos de las posguerra eran experimentales, Death Grips y otros son del hip hop experimental, Miles Davis era experimental en los '70. Son todos experimentales y ninguno tiene nada que ver con el otro. Experimental es aquello que se escapa de lo tradicional y que la gran mayoría de los críticos no tienen el tiempo (y diría que ni el conocimiento ni ganas) de sentarse a hablar en serio.
Pero alguien como Portillo, que no solo tiene búsquedas muy personales, sino que ninguna de estas queda como un objeto único en el tiempo, sino que son reusadas y terminan siendo característicos de la música, no puede entrar en esta clasificación. Porque cuando sucede esto, lo que se está creando es un lenguaje muy definido. Si fuera un desfile de cosas atípicas, ahí sería diferente. Pero alguien que tiene muy bien definidas sus herramientas y sonidos, por más que estos sean atípicos, es alguien que tiene definido su lenguaje, y lo que está definido como materia se puede definir en conceptos.
Sus influencias son claras: Jorge Lazarrof, Luis Trochón y otros del palo de Uruguay por un lado (aunque sus guitarras también contienen aspectos de guitarristas folclóricos del continente), y por otro lado Pixies y varios del rock alternativo de los '80 y '90. Esta combinación se hace bastante atípica, más si le agregamos todo lo anterior. Por ende, Portillo no podrá entrar en una clasificación de etiqueta, pero tampoco diría experimental, porque Portillo se puede definir.

En el disco participan varios otros músicos, de los cuales 4 son ya “oficiales”, por estar siempre presentes en sus presentaciones en vivo. Estos, por su nivel y lenguaje propio, también definen el estilo de Portillo. Este último define la cancha y da las direcciones, pero ellos interpretan esto a su manera y aportan a la pintura general.
Por un lado tenemos las guitarras. Mientras que Manuel Rilla incorpora un estilo proveniente del post-punk, con melodías claras y cantables, cargadas de reverberación y siempre trabajando en forma contrapuntística con Jorge Portillo, creando un verdadero trabajo a 2 guitarras en el sentido más clásico, Juan Martín Lopez y Guillermo Stoll traen algo más ruidoso, efectista y gestual, que trabaja más teniendo en cuenta la superficie de la composición en general y no tanto la guitarra de Portillo específicamente. Estos 2 últimos le dan a la música mayor tensión, a diferencia de Rilla que le da un toque suave y cristalino, más armonioso.
Mauricio Ramos es un percusionista sumamente formado, que ha tocado tanto en ámbitos de música popular como en ámbitos de mayor improvisación. Pero la verdad de Ramos es que en gran parte, es un músico académico, habiendo participado en trabajos de suma complejidad. Entonces no es para nada sorprendente que sus aportes en este proyecto sean de enorme interés, pudiendo usar la percusión como acompañamiento, así como creador de sonidos y efectos, siempre ayudando a que la música contenga un trabajo polrrítmico super complejo y fino. Tal vez, por tratarse de un instrumento no melódico, sumado a que sus aportes no son los más tradicionales que digamos, no se perciba al instante el nivel de su trabajo, pero puedo asegurarles que de todos los que aportan, seguramente él sea quien tiene las armas más poderosas.

Es que estos músicos comparten actividad hace años. Portillo, Stoll y Rilla son 3 de los 5 integrantes originales de Genuflexos (quienes estuvieron en este blog por su disco “Rocky Marciano" en el 2013: http://hoboblues2013.blogspot.com/2013/07/genuflexos-rocky-marciano.html). Lopez y Ramos son los 2 integrantes de Tangente, otra interesante banda de Uruguay. Ellos han colaborado con Genuflexos y ahora son integrantes oficiales: Ramos como baterista y Lopez como 3er guitarra.

Este disco debut fue lanzado el 12 de noviembre de este año a través del sello Feel de Agua, uno de los sellos independientes de Uruguay que forma parte del colectivo Esquizodelia, dedicado a la música independiente under, y en el cual todos los discos son producidos por su cabezal, Fabrizio Rossi.

A lo largo del disco nos encontramos con todo esto previamente dicho y ningún tema pasa por alto. Creo que todos son merecedores de un gran análisis. Sin embargo, hay 2 temas que debo destacar. No sólo por el enorme trabajo instrumental y arreglístico, sino porque compositivamente son algo diferente a lo que se ha escuchado en Uruguay. Sin duda se puede conectar con antecedentes natales, sobre todo de la generación de cantautores de finales de los '70 y la década de los '80, pero esto sin duda es algo más nuevo. Son de esos temas que de verdad se alejan de muchísimas cosas y son, en fin, algo nuevo a aportarle al arte. Son “un paso adelante”.

“Quequequé” es uno de ellos. La guitarra empieza con un ritmo cercano al de una chacarera, mientras que la voz hace un gran uso de glissandos para llegar de nota a nota y romper un poco con el ritmo bien marcado de la guitarra. En el estribillo empieza lo más interesante. La base del ritmo de chacarera es 3 golpes contra 2, o sea, cada 3 de uno, hay 2 de otro. Por ende, los de 2 duran 1,5. ¿Qué sucede en el estribillo? Mientras que la guitarra de Portillo marca todo el patrón, dejando en claro los 3 (que son el punto firme), la guitarra y las maracas, hacen el 2, pero con más volumen. Lo interesante es que esto hace que la música simule cambiar de compás (digámosle ritmo para entender), pero en realidad sigue igual. Es una simulación de cambio muy interesante, ya que realza algo que tiene un papel secundario y lo vuelve principal, engañando al oyente. Mientras tanto, siempre nos encontramos con la voz un poco más suelta y flotante, siempre corrompiendo con esa estabilidad rítmica.
A la vuelta a la estrofa principal, una 3er guitarra participa con la misma idea que la voz.
La cosa se complica con lo que sigue luego del 2do estribillo, que sin duda deber ser el momento más interesante y complejo de todo el disco. No solo cambia el tipo de compás y el ritmo, sino también el pulso que este tenía. No es que se vuelve más lento, sino que el tempo de esos puntos firmes es más lento, mientras que lo que estos contienen mantienen la velocidad de lo anterior (como si dijeramos que X objeto de lo anterior es igual a X de lo siguiente, y por ende se mantiene la misma velocidad). Para entender, antes se podría contar 1-2-3 a una velocidad movida y en este caso 1-2-3-4 un poco más lento. Por otro lado, cada instrumento está haciendo un ritmo diferente, cada uno con sus propios acentos, lo cual genera una polirritmia sumamente compleja e inestable. Pero lo más interesante es que esto está tocado como si fuera un loop, y en cada repetición hay un detalle diferente. El grado de complejidad de esta sección, en la cual es muy difícil obtener toda la información al instante e invita a que se escuche una y otra vez, hace que este loop tenga mucho sentido, sobre todo porque genera un buen grado de tensión.
La sección siguiente rompe con todo esto, transformándose en una nube sonora cargada de distintos sonidos. La complejidad sonora se mantiene, pero yendo por un lado más etereo y despojada de ritmo, contrario a lo anterior. Seguido a esto, un corte abrupto hacia una sección tranquila donde vuelve a haber un pulso, pero por su lentitud, carece de perceptibilidad tan obvia.
Es sin duda un trabajo increíble el de esta composición, llena de secciones, cada una con enorme interés, con una buena conexión pero siguiendo la idea de lo abrupto. Cada detalle está llevado a un nivel muy abstracto que requiere de gran atención y juega con el virtuosismo no a nivel solista, sino grupal. Me atrevo a decir que es el tema más interesante que ha pasado por este blog (junto al otro del cual ya hablaré).

“El otro que despierta” es el otro gran tema del disco. Algo que le da este mérito es su forma. No es una canción, sino una composición, con principio, desarrollo y fin. No hay estrofa ni estribillo, sino secciones que van desarrollando el tema en el tiempo.
Empieza con una guitarra arpegiada que sigue el estilo de sus influencias uruguayas, pero lo interesante es que las guitarras, con sus efectos, y por sobe todo la voz, estirada y flotante, generan un cierto grado de ambigüedad e indefinición que puede recordar, tal vez, a un Zappa de fines de los '60 o algunas de las bandas experimentales del Canterbury Scene, más que nada Henry Cow y Art Bears. A la siguiente sección, nos encontramos con algo más rítmico, donde la percusión cobra estelaridad y el juego de pregunta-respuesta de las voces en forma hablada juega también con lo rítmico de la mano con la guitarra. Seguido a esto, empieza lo que podría denominarse un puente, donde las guitarras de Portillo y López trabajan en forma conjunta, pero de distintos lugares: Portillo manteniendo la noción más armónica y rítmica, mientras que Lopez aporta con efectos que van más por lo tímbrico. De a poco la velocidad del arpegiado, así como el cambio de acordes, se va acelerando, aumentando cada vez más la tensión. En momentos, se le suman ataques super agresivos que van dando introducción al pasaje final: un espiral atonal repetitivo, donde la guitarra de Portillo repite una y otra vez la misma sucesión de notas en subida y la guitarra de Lopez y la percusión de Ramos juegan con una serie de efectos ambientales, sumado a voces y gritos cargados de reverberación. Es este último pasaje la sección más arriesgada del disco, porque se trata de algo que no no es fácil de entender. No llega a ser algo totalmente disonante y libre, pero tampoco es algo sumamente claro y definido. Podría ser algo más bien estocástico. Lo claro es que cada sección contiene un material muy interesante y hay un claro desarrollo de algo más cercano a algo tradicional (aunque hasta ahí) y como de a poco se aleja hasta volverse algo sumamente tensionado y difícil para el oyente. La otra gema del disco

Discos salen todos los años y siempre nos encontramos con cosas que valen la pena. Sin ir más lejos, van más de 2 años de este blog y siempre ha habido material del cual hablar a nivel local. Sin embargo, este disco es un caso bastante especial.
Siendo totalmente sincero, en este blog aparecen discos que recomiendo y que obviamente me son muy atractivos, pero como digo en todos, ninguno es algo verdaderamente nuevo. Ninguno sorprende por ser innovador o traer algo que sea un paso hacia adelante. Se destacan por su trabajo y elaboración, por su interés como arte, pero no por ser algo nuevo en sí. Es más, de todo lo que he escrito, creo que el único que reúne estas características es “Partido el ganado” de Alessandro Podestá y en menor medida “Rocky Marciano” de Genuflexos. Los demás discos son de buena a gran calidad y tienen mucho valor, pero ninguno entra en esto que hablo, que para mí, si además está bien hecho, es el mayor logro.

Este disco debut de Portillo es eso de lo que hablaba al principio y en este párrafo anterior. Hay que saber donde colocar el valor de cada obra artística (cuando lo tiene). El disco de Portillo, es para mí, un enorme logro. Tiene un enorme valor musical a nivel de trabajo: un minucioso y elaborado resultado instrumental, donde cada instrumento está trabajado al máximo para sacar el mayor grado de detalle siguiendo la línea estética del proyecto, y a su vez, todos estos hacen sus propias búsquedas para llegar a una mayor originalidad y “voz propia”, algo que también va en la línea conceptual.
Pero lo más fascinante es la parte compositiva. Claro, esta depende de lo anterior, obviamente, pero hablo del lugar de partida. Cada composición tiene un nivel de elaboración sumamente complejo a nivel de ensamble, a nivel estructural, a nivel armónico, a nivel melódico, a nivel tímbrico. Es increíble como ninguno de los 11 temas pasa desapercibido, como todos tienen algo que los hace sumamente interesantes, sean todos los puntos o solo uno, como el contrapunto entre los instrumentos, o el timbre que se le busca a la voz, o los cambios de tempo y secciones. 11 temas y ninguno queda “de relleno”. Ninguno queda opacado y todos tienen algo que puede considerarse de absoluta riqueza musical no solo a nivel general (desde un punto de vista más atemporal), sino como trabajo artístico actual y local.

Es emocionante que haya un disco así, acá y hoy. Un disco que de verdad trae algo nuevo, en momentos en menor medida, en otros en mayor. Un disco más arriesgado y que aprovecha cada parámetro para explorar.
A la vez es frustrante que por todo esto, no vaya a tener su merecido reconocimiento en su presente, como siempre sucede. Y cuesta más porque generalmente estas cosas se terminan valorando con el tiempo, por la marca que dejan, porque cuando sucede en su momento dado es en gran parte por el marketing que recibe. Pero me atrevo a decir, teniendo en cuenta la historia de la música popular uruguaya (y bueno, de la música uruguaya en general) que este disco va a dejar una marca, una marca importante, de una generación actual que está dándole un verdadero nuevo giro a la música nacional.

“Portillo” de Portillo es un verdadero tesoro de nuestro país. Estará escondido para una gran mayoría, pero para eso está este blog: para destapar tesoros.






Como siempre dejo links.

Su Facebook. Si gusta el disco, se pone "me gusta": https://www.facebook.com/Portillo-167170466966583/?fref=ts

Su disco para descargar en Feel de Agua: http://feeldeagua.net/discos.php

Y su Bandcamp, donde también se puede descargar y a la vez escuchar online: https://portillo-uy.bandcamp.com/






HASTA LA PRÓXIMA SEMANA!!!

viernes, 7 de agosto de 2015

Uoh! - "Split"

Luego de un tiempo de ausencia, volvemos.

Como ya todos sabemos, la escena under de Uruguay se caracteriza por su diversidad de bandas. En menor medida por su diversidad musical. Claro, siendo pocos, es fácil ser “original”. Con comillas porque en la mayoría de los casos no se trata de originalidad musical a nivel global, sino territorial. Es fácil ser “la banda que hace X estilo”. Aún así, la predominancia del rock es lo que caracteriza a esta escena, sobre todo lo naciente del punk y el blues-rock y sus diversificaciones más pesadas.

Sin embargo, es interesante como cada tanto aparecen bandas que no solo hacen un género que otros no están haciendo, sino que le agregan algo personal. Un claro caso es Genuflexos, de quienes ya hablamos previamente y que son de lo mejor de los últimos años. Pero hay otros casos muy interesantes y es lo que traemos hoy.

Hace ya unos años, apareció una banda que traía la idea del jam y el ritual no como un elemento, sino como pilar: Uoh! (el signo de exclamación es parte del nombre).

Su formación ya nos dice mucho de ellos: 2 guitarras, bajo, batería, 2 percusionistas, saxo, trompeta. Es una especie de ensamble cuya carencia de voz delimita bastante el trabajo; más bien para no llevarlo por el lado de la canción, o más bien la canción clásica.

Sumado a la idea de ritual y el instrumental con el que cuentan, se le agregan las influencias musicales. Como es de esperarse, obviamente hay una base de rock, que en este caso parte del punk y géneros relacionados como el post-rock y algo de noise. Pero desde ya hace unos años nos encontramos con otras influencias. Si el rock fuera el piso, las paredes y los techos vienen de otros lados, y en este caso es más el afrobeat de Fela Kuti, jazz fusión de principios de los '70 (más del lado proveniente de Miles Davis y sus jams eternos), ciertos conceptos de bandas como Hawkwind y las alemanas Can y Neu! (no quiero utilizar el término Krautrock porque nunca existió, ni como escena ni como género musical) y también un poco de tradición afrolatina. Aún así, recordemos que el piso es rock y si hubiera que decir qué es la banda, diríamos que es una banda de rock. No de rock clásico. Con sus vueltas, pero es una banda de rock.

El toque final está en la simpleza. Los temas de Uoh! se tratan de una progresión de acordes super reducida y simple, con una base rítmica repetitiva (con variantes pero siempre partiendo del mismo patrón), líneas de bajo con bastante swing, líneas de vientos que siempre están en la línea delgada entre el acompañamiento y la voz principal y guitarras que dividen su trabajo entre el rasgueo rítmico y el riff. Nunca hay virtuosismo y nunca hay solistas. Cuando los hay, es breve, efímero. Uoh! trabaja como un bloque, como un todo. Y si a esto le sumamos la idea de que la música de ellos tal vez no es lineal sino más bien “cuadrática” (en el sentido del manejo del tiempo, o sea, no importa cómo se desarrolla la música en el transcurso del tiempo, sino como existe en sí misma, o sea, cuales son sus características, porque los temas podrían durar 2 minutos como 1 hora), entonces ahí tenemos la mezcla ideal para lograr el ritual. Sí, obviamente es la receta clásica, la mezcla que siempre va a generar esa idea de ritual, pero si está bien hecha, siempre funciona.

Uoh! ya tiene sus años y han tenido varios lanzamientos, entre los cuales encontramos 2 LPs, un EP, un disco en vivo y un demo. Si vemos la evolución de la banda, aunque siempre la propuesta de jam fue la base, en sus principios era una banda con un nivel más fuerte de rock, mucho más punk y del denominado post-rock. Pero fue en su segundo LP titulado “Uoh!...¡PA!” en el que incorporaron de manera más solida las influencias del afrobeat, la Alemania experimental de los '70 y cosas más afrolatinas. Fue en ese punto en que lo que antes podía pasar por la denominación de “colgadera”, ahora se transformaba “ritual”. Esto también se da por estereotipos, ya que el afrobeat y musicas afrolatinas tienen ese carácter ritualístico. Sin embargo, dudo mucho que conceptualmente haya cambiado algo. En realidad es lo mismo de alguna forma. Siempre fue un “ritual” y siempre fue una “colgadera”. Esas cosas a veces van más por estereotipos y críticas sin fundamentos desde un ojo occidental. La banda habrá agregado nuevos detalles a su propuesta musical, pero no así su propuesta conceptual. Es importante aclararlo. Claro, esto siempre desde la visión de quien escribe. Uno nunca sabe qué pretenden, pero igual no importa. En estos casos, lo que se hace es análisis y críticas de un producto, no de una industria entera.

“Uoh!...¡PA!” fue el último lanzamiento de la banda, allá por el 2013. Casi 2 años después (lo que traigo hoy fue lanzado el 22 de Mayo), Uoh! vuelve con nuevo material.

Se trata de un split con Juan el Alto (un seudónimo para Juan Branaa, quien también forma parte de la integración de Uoh! en esta ocasión). Son en total 3 temas, 2 de la banda y el otro por Branaa.

En término generales, predomina más el rock que las otras influencias de las que hablaba, ya que cuando ambos conviven, hay un balance, pero en otros momentos nos encontramos con rock despojado de eso otro y nunca viceversa.

El primero de se titula “T.V. Cubana”. Es un tema simple, desde los arreglos, líneas melódicas y armonía hasta la estructura general. 2 partes: lo que podría ser una especie de estrofa y un estribillo. Este último es siempre el más cargado y más repetitivo en sí. Pero la estrofa, con su identidad super minimalista, es la que a su vez también funciona en estilo. Por cada vuelta de esa estrofa, aparece algo nuevo. En la primera vuelta, la percusión con el ritmo base que llevará adelante todo el tema, luego la guitarra rítmica que nos da la armonía y finalmente la línea de bajo, que en un principio tiene el rol de melodía principal y luego claramente se transforma en el motor base del tema. Luego se agregan los vientos con el rol de voz principal y finalmente se agregan voces que repiten una y otra vez “quiero quiero televisión cubana”.
El tema es el mejor ejemplo para describir esta idea de ritual/colgadera, porque más allá de que en sí hay una especie de proceso de adición, es muy simple y evidente. No es al estilo del minimalismo de los '60 en el cual el proceso es constante y hay un juego con la percepción. Acá se trata más de “lugares” estáticos en los que se agrega algo y varía con respecto a lo anterior, pero luego de eso, podríamos quedarnos en un sinfín.

El otro tema es “Lluvia dorada”, que debe ser el tema más interesante que han grabado. Consta de 2 partes muy claras. La primera nos trae ese balance entre el rock y lo más afrolatino-afrobeat de la banda. Una base de percusión y línea de bajo intensa y fuerte lleva el pulso, mientras que un contrapunto entre el riff a lo Santana de las guitarras y otro bastante etéreo por partes de los vientos le dan el swing caraceterístico. Todo esto siempre sobre una misma nota pedal, un constante La. Entre todo el volumen y agresividad de cada instrumento, sumado a una gran carga de reverb, esta primer sección da la sensación de algo grande y espaciado, algo bastante caótico. A su vez, consta de otras 2 sub-secciones: la estrofa principal y un corte que sirve para bajar por un momento la dinámica, aunque a al vez sobrecarga al oyente por el deseo de retornar a esa estrofa. Lo interesante es que cada instrumento tiene su individualidad, la cual es totalmente escuchable, pero a la vez todo funciona como un gran bloque, lo cual es obviamente gracias a la simpleza y repetición constante de cada pequeño riff.
La segunda sección cambia drásticamente. Es una sección mucho más difusa. La sección rítmica baja enormemente, reduciéndose nada más que al marcado del pulso, tanto por parte de la percusión como del bajo. El resto del instrumental se encarga de melodías bastante etéreas, donde no importa tanto la melodía sino el contorno donde se manejan. Además, el enorme aumento de la reverberación ayuda a potenciar esto. Aquí hay un despojo total de las influencias afrolatinas-afrobeat, yendo más a un terreno psicodélico, ruidoso y denso, donde se puede hacer una conexión con Hawkwind. Cabe destacar la participación de las guitarras, al volante en esta sección. Lo interesante es como de alguna forma se puede percibir una buena conexión entre esta sección y la anterior, por más que estilísticamente no tengan mucho que ver. Seguramente sea por el mantenimiento de ese La como nota pedal constante y lo difusa que es esta sección pero aún así manteniendo los mismos timbres que la anterior.

Después de 2 años y con pocas presentaciones en vivo, tal vez les resulte poco esto para algunos, solo 2 temas. Sin embargo, hay que valorar como con solo 2 temas lograron plasmar la identidad de la banda al máximo. Habiendo escuchado todo su material, creo que de aparecerse alguien que no conoce en absoluto a la banda, con escuchar estos 2 temas ya puede entender a la perfección de qué se trata Uoh! Eso no es fácil de lograr. Podrán decir que lo es si no es una banda multi-géneros a lo Led Zeppelin. También pueden decirlo si es una banda con un estilo super básico y trillado.

Uoh! claramente tiene su sonido y su estilo. Será original en mayor o menor medida, pero que tienen su sello es indiscutible. Lograr en solo 2 temas plasmar con precisión eso que los caracteriza y decirle a alguien “con esto vas a poder entender completamente de qué se trata esta banda” es algo valioso.

Esperemos que de estos 2 temas salgan muchos más....y pronto.





Como siempre, links:





VOLVEREMOS PRONTO!!!!



miércoles, 13 de mayo de 2015

Cadáver Exquisito - "750 mg"

Lo más interesante de la clasificación de géneros (cuándo no se trata de etiquetar para valorar o desvalorar o simplemente para demostrar cuánto uno supuestamente conoce) es que muchos subgéneros se diferencian entre sí simplemente por la técnica de canto, por un ritmo o por tal mínimo cambio. Y lo más interesante es que los que conocen del tema son HIPER susceptibles a ello. Ese mínimo cambio hace que ya merezca otra denominación. A veces me sorprende cuán sensible puede ser el oído.

Ya hace un tiempo me quedó en claro que si hay algún género musical que tiene esta característica elevada hasta el cielo y más es el metal. La cantidad de sub-géneros, sub-sub-géneros, sub-sub-sub-géneros que hay..... En los estratos más grandes, las diferencias son claras. Nadie confunde el thrash con el doom, ni el black con el death. Pero cuándo se entra más adentro, ahí las diferencias pueden ser tan mínimas que hasta confunden. Aún así existen esas clasificaciones.

Lo más fascinante es el enorme debate de si tal cosa es metal o no. Por un lado, resulta cansador y estúpido, porque en fin, ¿a quién mierda le importa? Pero por otro lado (y el que me interesa), se trata de ver hasta dónde llega el oído y el conocimiento musical. La clasificación de géneros, para mí como músico e intento de escritor, es tomarse el trabajo de entender la música y ver qué métodos se utilizan para componer y tocar, de dónde vienen las influencias, qué contexto social hay, etc. Es de verdad intentar adentrarse en la música, lograr conexiones. No es lo mismo el jazz que el punk, y no es lo mismo el jazz fusión que el bop, ni es lo mismo el hard bop que el post bop. Decir que no es tanta la diferencia o decir que no importan estas distinciones es en realidad no haber escuchado lo suficiente, porque a medida que uno escucha más, se da cuenta de por qué sí es importante, desde un aspecto puramente musical (la soberbia erudita es lo peor que hay en el arte). Después todo el tema de si por ser de algo merece mayor reconocimiento o si esto o aquello, eso sinceramente no es de mi interés. Porque como dice este blog, son recomendaciones musicales, y eso significa que lo primordial es si es de buena calidad e interesante. Luego viene el género.

Hace unos meses una de las bandas uruguayas más interesantes de los últimos años lanzó su 5to álbum (3ero de estudio, pues cuentan también con un split y uno en vivo). La banda se llama Cadáver Exquisito y el disco “750 mg”.

En sus principios era fácil: hard rock, del palo del blues pesado, Led Zeppelin presente. Siempre con un toque “progresivo”: cambios rítmicos, riffs más complejos, etc. Pero en esa vertiente, la improvisación como base. Era una banda pesada, pero el lenguaje musical no iba por esos lados. De alguna forma, podía acercarse a bandas como Oro y Revólver. Claro, menos bluesera y con una actitud más punk, pero de alguna forma se podían unir.

Ahora 3 años después, sacaron un nuevo álbum, dónde entra el problema que presentaba al principio. Claro, problema para alguien que escribe. Para los oyentes no. El hecho de que aparezca este problema desde un principio ya lo transforma en un álbum interesante. Más allá de si gusta o no, entrar en algo que puede generar cierta disputa a la hora de intentar definir que hace un artista musical ya genera algo especial.

Las raíces de blues-rock se han perdido enormemente abriéndole paso a la pesadez previa para que crezca aún más. En realidad, para que todo crezca, porque no solo es un disco más pesado, sino también más agresivo y crudo, más complejo, tanto armónica y melódicamente como rítmica y estructuralmente.

Hay influencias muy claras: Melvins, Black Flag, Fugazi y Shellac (o más bien el trabajo en general de Steve Albini, porque Big Black y Rapeman se pueden rastrear aquí). Podría nombrar otras (es más, para algunos temas debería), pero con esto ya marcamos bastante la cancha.

Una música pesada que se puede asociar al sludge metal y post-hardcore. Es música pesada y con complejidad. Pero no es del pesado naciente de Deep Purple o la camada de NWOBHM. No viene del metal clásico. Viene del metal más rockero, desde Black Sabbath, el cual, avanzando en el tiempo, paso por Black Flag y obtuvo su identidad más punk y compleja, derivándose luego en bandas como Melvins, quienes tomaron lo más pesado y denso, y bandas como Shellac, que tomaron lo más punk y complejo. Es metal, es pesado, pero es del metal que se siente más identificado con el punk. Y cuándo aparece algo de blues, no va tanto por el blues rock pesado sino por el stoner (aunque a veces se hace difícil diferenciar el stoner del sludge cuándo el blues es muy poco evidenciado).

Algo que a veces causa duda en Cadáver Exquisito son las voces. En momentos de los discos anteriores, no quedaban bien (en mi opinión). Sin embargo, en este disco parecen encontrar su identidad finalmente. Las vocales en esta banda siempre giran en torno al grito más que al canto. Incluso cuándo es con voz limpia, la entonación es algo que se roza simplemente para emular la musicalidad. Al adoptar un sonido más punk, este tipo de voz cobra mucho más sentido porque no importa tanto la melodía sino el gesto. Son vocales mucho más cercanas a la sensación que a algo clásico-musical. Y en este disco, trayendo una música que sin duda es más agresiva, este tipo de vocales se ajustan a la perfección.

Algo interesante es el trabajo en banda. En discos anteriores, por el estilo musical, había “trabajo en equipo” obviamente, pero se daba mucho lugar al solista. Incluso cuándo estaban todos direccionados hacia el mismo lado, se podía sentir como solistas trabajando juntos. Es que eso es algo bastante característico del blues rock. Aquí eso se deja de lado y se da lugar a un resultado más “en bloque”. La banda suena como un sólo objeto y no como 4 que se unen. Es como si el trabajo de cada integrante estuviera conectado con el de los demás. Esto se evidencia más que nada con los cambios rítmicos o ciertos ataques. Incluso ciertos arreglos de guitarra, como riffs repetitivos, están en función de algo más de unidad y no tanto como algo solista. Sin duda es de los elementos más clave en este nuevo trabajo.

El disco pasa por varios territorios más allá de lo anteriormente mencionado.

“Julia” inicia con la reminiscencia a Melvins en su 2da etapa (aquella que aparece por mediados de los '90) y dejando lugar a cosas más del estilo de Kyuss (sobre todo en la 2da sección).

“Kraken” es el más cercano a sus trabajos anteriores, lo cual tiene sentido porque es el tema más viejo. Sin embargo, el blues va más por el lado del stoner, como dije anteriormente. Tal vez con una pizca más rockera, al estilo Fu Manchu.


“El Gallo” es de los temas más interesantes. Es metal, sin duda, del género del doom. Pero lo interesante es como va pasando sutilmente por diferentes subgéneros del mismo. Se logra combinar las pequeñas diferencias que hay entre ellos. Lo que en un principio parece ser una especie de tributo al sludge temprano de Melvins en discos como “Lysol” (el ritmo de la batería y la nota pedal de la guitarra lo dejan en claro), rápidamente pasa al stoner más denso de bandas como Sleep, lo cual tampoco se puede decir tan tajantemente porque aparecen detalles que pueden recordar a bandas como Crowbar, y finalmente desembocando en algo con elementos más alternativos que nos pueden llevar a un Melvins más post-hardcore de discos como “Stag”. Tal vez hasta puede recordar a cosas de High on Fire. La transición es sutil y todo esto se puede encontrar, pero lo bueno es que por más que en palabras suene seccionado, en el tema está todo revolviéndose al mismo tiempo. Es una buena síntesis de un género que contiene muchos subgéneros cuyas diferencias a veces son bastante indistinguibles. Nota: aquí las vocales llegan a su punto máximo, tanto en técnica como la decisión de qué estética utilizar.

“Hall” mantiene la pesadez pero deja más en claro las influencias de Steve Albini. En momentos hasta puede recordar lejanamente a Nirvana, lo cual no es raro habiendo sido Albini el productor de “In Utero”.

“Días de humo” es una convivencia de 2 cosas diferentes. En el principio nos encontramos con un stoner denso y lento. De seguir en eso, sería bastante obvio a dónde podría ir, pero al entrar la voz, nos alejamos de esa densidad yéndonos a algo un poco más amigable y melódico, más clásico en algún sentido. Lo más interesante es el giro del final. Aunque vuelve a la misma idea del principio, la incorporación del saxo hace que todo tome otro color. Sigue la densidad, pero el saxo tiende a alivinar las cosas. No sería raro la conexión con King Crimson en su 1er época, sobre todo en “21st Century Schizoid Man”.

“Pelo Pelirrojo” es otro gran tema del disco. Un tema con gran energía dónde lo más ruidoso y punk de la banda se ve demostrado. El post-hardcore que nos lleva a bandas como Shellac y Fugazi ahora se ve acompañado de bandas como Slint. Constructivamente, es el tema más original. No se trata del clásico verso-estribillo-verso ni de un tema con varias secciones. Es como una sola sección que de a poco evoluciona, sumando cada vez más volumen y detalles. Si saltamos del principio a la mitad del tema, esto queda en claro, pues seguimos en la misma idea pero con más colores y relieves. Es lo que se podría decir “música de proceso”.

“Así mejor” combina las influencias de diferentes géneros mejor que ninguna otra. No llega a ser ni lo suficientemente pesado para ir hacia un lado ni lo suficientemente punk para ir al otro. Es un tema con bastantes cambios y detalles. Hay que destacar los diferentes cambios rítmicos (dónde la batería queda como estelar), pero por sobre todo los diferentes arreglos de guitarra que aparecen uno atrás del otro y siempre de buena calidad. Lo más interesante del tema es la sección media, dónde un riff de guitarra se repite una y otra vez y lo que cambia es la base. Es un recurso que nunca queda mal; es inoxidable. En la música en general, la base se mantiene y es la voz superior la que varía, el solista. El cambio de roles siempre es un recurso que nunca falla porque la variación de la base logra simular que la voz superior varía también aunque se mantenga estática. Es como si la esencia de esa voz superior, por ese cambio del acompañamiento (aunque en este caso, tal vez es la voz superior el verdadero acompañamiento), cobrara otra identidad. Su identidad cambia según el contexto y no por cambios en sí mismo. Otro de los grandes temas del disco (que siendo solo 8 en total, 3 de este nivel no es poca cosa).

“750” cierra el disco de forma enérgica y pesada con la impronta punk que caracteriza al disco. No es un tema que resalte por sí mismo, pero dentro del contexto, funciona a la perfección. Como cierre, es ideal.

Uruguay es un país al cual no le ha faltado metal, mucho menos música pesada y con energía. Sin embargo, en mi opinión (aunque al parecer es compartida con varios), nunca han aparecido discos que de verdad sean de gran calidad. Algunos sí, pero la mayoría no. La mayoría son tan acotados musicalmente, con tan poca variedad de influencias, que terminan sonando a esas mismas influencias, un estilo de tributo más. Nada nuevo, más de lo mismo. Y bueno, como suelo decir cruelmente, para escuchar algo que intenta parecerse a otra cosa, mejor escuchar esa otra cosa. Si no hay nada nuevo o interesante para ofrecer, paso.

Claro, entra la disputa de si esto es metal o no y todo eso de lo que hablaba al principio. Lo que sucede es que por alguna razón, siempre que se habla de metal se olvida de toda la gama del doom, más que nada de los géneros más punk y rockeros como el stoner y el sludge. Es metal, no se cuestiona. De no serlo según ciertos puristas sin fundamentos, habría que dejar de hablar de bandas como Blue Cheer y Black Sabbath....y al que se le ocurra decir que esas bandas no son fundadoras del metal, estárian demasiado equivocados. Y si dicen que lo son, entonces sepan que este tipo de metal es el que está más relacionado a ellos.

“750 mg” es uno de esos discos que faltaban en el rock uruguayo, en el rock más pesado. Hacía falta un disco que de verdad pusiera este género del metal en presencia y con calidad. Pero más que nada, hacía falta de alguna banda que por más que sus influencias fueran claras, tuvieran algo para ofrecernos que nos obligue a ir a ellas si es esa música en específico lo que estamos buscando, algo que dijera “esto es de esta banda y no de otra”.

Obviamente Cadáver Exquisito no es la nueva gema del rock ni nos traen algo indescriptible. Es clasificable sí, pero no por ello dejan de ser Cadáver Exquisito. No son una banda más. No tomaron los elementos y trucos de estos estilos para imitarlos y listo. Le han encontrado su propia forma, otra forma de interpretar esta mezcla.

Este disco sin duda será de lo mejor de este año en el Uruguay. Y por suerte, junto a “Jabalismo” de Hijo Agrio (que será objeto de la próxima reseña y con quienes se presentan hoy Jueves 14 en el Solitario Juan), nos ha traído buen metal, del más denso y pesado, del más agresivo y punk, del que hacía falta.





Como siempre, links:


Y aquí podrán escuchar este gran disco, así como otros: https://cadaverexquisito75.bandcamp.com/






HASTA LA PRÓXIMA!!!!!